No, no quiero ser madre

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No es porque no sienta esa enorme cosquilla en el estómago cuando veo una pequeña sonrisa explotar, o mi corazón derritiéndose al tocar unos pequeños piecitos deseosos de correr a explorar el mundo.

No quiero por el miedo que me causa el pensar que algo se moverá dentro de mí durante nueve largos meses, pues tan sólo las bolsas del supermercado me desgastan de camino a casa, imagino cómo tendrá que salir esa cabecita de tan reducido espacio y claro, aún estoy hablando sólo acerca de las cosas superficiales.

Tengo 24 años y me imagino intentando responder preguntas que ni yo he podido encontrar: ¿Cómo le podría explicar lo duro que es el mundo? Que existen personas que hacen daño, que es peligroso siquiera disfrutar lo que tanto te cuesta conseguir, porque hay quien está dispuesto a asesinar para obtener lo ajeno.

Tan difícil que suena pensar en crear el camino de alguien tan frágil, cuando el propio aún se encuentra complicado de avistar y ni qué decir de la situación económica, justo apenas comienzo a disfrutar lo poco que queda para mi libre esparcimiento, para muchos podría sonar tremendamente cruel, pero en este momento disfruto demasiado poder salir hasta tarde, bailar y cantar en mis días libres sin pensar en horarios o responsabilidades.

Además, también me embargan un millón de preguntas: ¿Qué le enseñaría a creer? Yo misma aún no estoy segura de lo que creo, pues tengo días raros en los que desearía comerme al mundo y otros en los que opto por quedarme debajo de las sábanas, soñando.

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¿Le mostraría que la religión llega a ser vacía y engañosa? ¿Le inculcaría rezarle al concepto divino creado por una sociedad herida, ausente y agonizante? O… ¿Simplemente a implorar a sus propias creaciones un poco de piedad?, así como lo he practicado yo misma durante los últimos años.

Podría prepararle para entender por qué habrá personas a quienes llame amigos y le darán la espalda en el momento menos inesperado, también recordarle todos los días que nada es para siempre, que todos se van y que en algún momento también nos tocará irnos. Le ayudaría a aprender cómo convertir el dolor en aprendizaje, en muchas ganas de seguir intentándolo.

Y sí, por eso sé que no lo deseo, no por el momento, quisiera no ser egoísta, pero…

También entiendo que la vida cambia y mañana podría estar deseando algo diferente.