No hay nada como ser uno mismo

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A veces nos consideramos a nosotros mismos, como personas extrañas, dejadas de virtudes y sin muchos talentos, más que una buena risa, una mirada sincera y una mano que apoya.

A veces son tantas las situaciones que acabamos por dejar de creer en nosotros mismos y las virtudes existentes que nos identifican, pero el hecho de que uno mismo no pueda hacer las cosas que hacen los demás no nos vuelven personas inservibles, sino más bien todo lo contrario; estoy más que seguro y convencido que en algún lugar del mundo y no muy lejano a donde uno mismo se encuentra, hay una persona que cree en ti, que inesperadamente se interesa en lo que tu haces. No se necesita saber tanto de la vida, ni tener una mirada de seducción total para andar de casanovas y mentiroso por el mundo entero.

Sólo se necesita ser uno mismo, difícil situación la que planteo, porque una de las cosas más complicadas de hacer es SER UNO MISMO.

He visto a mi corta edad como personas quieren ser como otras sólo para poder lograr un poco de aceptación, dejando fuera de su vida, alma y mente, adquiriendo los modos de otros, e incluso las formas de ser, para agradar, pero el real juego y diversión no se encuentra ahí en esta parte, siempre he creído que no se necesita ser un iluminado espiritual o una suerte de gurú de algún dogma religioso, la luz, la vida, la felicidad, el amor mismo se encuentra dentro del propio ser, que poco a poco va perdiendo su esencia para agradar a otros.

Es impagable el precio que debes de saldar si no eres como el de al lado, menoscabo, desprecio, e inclusive desamor, como decía un viejo amigo: «Noches de licor me han llevado a ser la persona que soy y a tomar la decisión de no cambiar por nada ni por nadie, si debo de renunciar a algo, será al dejar mi vida al momento de morir», hasta los días de hoy las he considerado las palabras más sabias que he oído de una persona cercana a mi. A veces la pureza del alma no se encuentra en como se ven tus ojos o tu sonrisa, eso no te define, te define quién eres dentro de ese costal de piel y huesos, te define ese músculo que bombea sangre a sístole y diástole.

Ser tu mismo, aunque le duela a los demás es el precio a saldar por el esfuerzo que tuvieron tus padres al traerte al mundo, entre tanto dolor y rigor.

Y sólo será recompensado si eres capaz de mantenerte firme y vigente siendo tú.