No creo querer esto… Definitivamente no

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¿Qué se supone que ese espera cuando no se sabe que esperar?

Llegué a este punto de mi vida donde ya no sé para dónde debo dirigirme, donde no sé si las cosas que actualmente hago son las correctas o si debería quizá hacer esas otras que dejé en el pasado, si valdrá la pena si quiera mirar al pasado, muchas veces dicen que el mejor camino es hacia adelante pero: ¿Hacía dónde?

La verdad es que ya me acostumbré, ¿o estanqué? aún no estoy seguro todavía, tal vez es sólo mi zona de confort y estoy tan bien acostumbrado a ella que me resulta difícil pensar en empezar de cero; aquí tengo una rutina, una rutina que me hace sentir una persona normal, que me mantiene ocupado todo el día, toda la semana y que de alguna forma me hace sentir que me estoy estableciendo, que lo que hago me dejará algo para mi futuro, ya saben algo estable sin presiones y que de alguna forma podre tener tranquilidad y paz. Aunque ¿Realmente quiero eso? ¿Tranquilidad? ¿Paz?

Si se lo preguntaran a mi yo de hace unos años, sin duda les habría dicho NO. Yo quería comerme al mundo, la verdad es que no tenía los grandes planes ni nada por el estilo, no soy de esas personas que planifican a mediano o largo plazo, no considero ni siquiera planificar que pantalón me pondré al día siguiente. No, lo que yo tenía en mente era diferente, más simple. No sabía el camino, pero sí el destino.

Quería ser alguien, alguien para mí, no para el resto, alguien que fuera feliz haciendo lo que hace, quería seguir mis sueños sin importar que la gente me dijera que con eso no duraría vivo mucho tiempo, eso que importaba, mientras pudiera ser pleno y completamente yo; sin ataduras ni remordimientos. Yo era esa clase de persona que no se dejaba vencer por nada, que quería viajar, conocer el mundo y a todas las personas que lo habitan, quería enamorarme una, dos, tres veces; enamorarme mucho y que me rompieran el corazón también, quería tener aventuras, crear miles de anécdotas de toda clase para que entonces, al final del recorrido no dejara nunca de hablar de lo maravilloso que fue. Algo así quería ser yo. Sin pertenecer, sin echar raíces, un nómada.

No sé en qué momento empecé a abandonar a ese yo de algunos años atrás. No creo siquiera haberme dado cuenta de lo abandonado que lo tenía hasta que las cosas empezaron a ser más serias en mi vida. Tal vez este cambio de 180° en mí lo justificaba siempre con un «¡hey! estoy madurando, así deben ser las cosas» ¿Realmente deben ser así? Si me estoy replanteando mi futuro y mi presente, tal vez sea porque en verdad no quiero esto para mí. Si eres feliz, lo eres; no tienes dudas, no te planteas las cosas dos veces, no intentas justificar nada. Al menos eso no me pasaba antes. No esto no es madurar, esto es traicionarme y no puedo permitirme seguir haciéndolo.

Olvidemos todo, olvidemos las etiquetas, no me llames loco ni inconsciente. Soy bastante consciente, no se lo que va a pasar en mi vida, pero si se que no volveré a estar donde estoy ahora nunca más, no volveré a sentirme prisionero, ni volveré a tener esas platicas conmigo mismo por las noches, no tendré miedo de mi futuro ni tampoco volveré a sentirme como ave de aviario.

¿Qué si tendré éxito? Aún no lo sé, no creo que alguien que tenga las mismas convicciones que yo, esté completamente seguro de eso, pero no creo que el éxito se mida en cuan alto llegas, sino en aquél que se atreva a dar el primer paso, a nadar contra corriente, a taparse bien los oídos para poder escucharte solo a ti mismo e ir por ello que quieres en tu vida.

Probablemente fracase, pero muy probablemente no. Aunque si es así, quiero hacerlo extraordinariamente mal, quiero equivocarme de una manera que nadie jamás olvide, quiero recordarlo y sonreír, ¡hey! quiero regarla como sólo yo sé hacerlo, porque todos somos circuitos con fallas, sólo que muchos intentan ignorarlas.

Por mi parte yo estoy orgulloso de ellas, de todas mis fallas y nada me hace más feliz.