No acepto tu decisión de marcar un límite a la historia que empezaste

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Tu filosofía.

Recuerdo que cuando te conocí, no podía quitarte la mirada de encima, estabas tan mono con tu saco y tu sonrisa, me agradaba bastante la idea de tenerte en frente. Comenzamos a frecuentarnos, a reír juntos y a contarnos cosas, cada día más profundas. Desde ese primer día supe que me gustabas, sin embargo no podía ponerte en dificultades con nuestros amigos. Tenía algo más profundo reservado para ti, estaba completamente perdida en acciones que nunca me atreví a tomar. Luego vino mi muerte, aquel chico que me destruyó la sonrisa y tú estabas ahí, ayudándome a reconstruirla, me levantaste, me diste tiempo, espacio y horas de charlas, me sacaste de aquel abismo en el que yo misma me hundí.

Aquel primer beso, tan robado, espontáneo y sincero me hizo temblar. Jamás me habría imaginado estar más cerca de un ser tan puro como tú. Deseé tanto que ese momento no terminara, anhelaba estar contigo más tiempo, tener más de ti, aunque fuera por unas horas. Y no fue así.

Hemos estado juntos el tiempo suficiente, te conozco un poco más, y, aunque tú me conoces como a la palma de tu mano, lo niegas. Entre nosotros, desde aquel día, han sucedido muchos besos más, sin embargo, estoy confundida. ¿Sabes por qué? Porque alguna vez me atrevía confesarte cómo me sentía al respecto contigo, cuánto me gustaba estar a tu lado, abrazarte, darte mi tiempo sin restricción alguna. No es lo mismo que solía ser.

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Ahora nos miramos con complicidad, nos apropiamos del tiempo del otro, buscamos espacios de soledad sólo para tenernos un poco más. Contrario a la felicidad que me produces, tus palabras me frustran. Has dicho que no debemos continuar; tú buscas a alguien más, yo no quiero a más personas cerca, es tanta mi comodidad ahora, por eso no puedo decirte que estoy de acuerdo, mil veces no acepto tu decisión de marcar un límite a la historia que empezaste, arbitrariamente, aquella tarde.

No quiero renunciar ni a nuestra amistad, ni a esta extraña manera de caer en contradicciones. Me gusta estar contigo, disfruto realmente cada momento a tu lado, me encanta mirar tu sonrisa, y. aunque pueda sonar romántico, tus ojos me fascinan, son de las pocas cosas que puedo pronunciar abiertamente y secretamente, sabemos que para mí esto se va de las manos. No sé si te quiero de otra manera a la que predicaba antes de estos sucesos, aunque confesaré:

Voy contra tu filosofía de soledad absoluta.