Mis canas contra mis ganas…

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Sin saber cómo empezar a escribir comencé a hacerlo, dudé mucho en el camino, escribía y borraba, miles de dudas llegaban a mí, incluso en este momento llegan a mi cabeza tantas frases como ideas, que me encantaría plasmar. Pero ¡qué difícil es! y me refiero a lo complicado que llega a ser una vez que te das cuenta que amas algo y te sientes bueno para ello, eliminar la basura mental que ronda por la cabeza en el momento que dices ¡sí lo voy a hacer! y a los 5 minutos surge en la mente la duda ¿pero si a nadie le gusta?, ¿y si acabo haciendo el ridículo?, ¿tal vez son ideas mías nada más y no soy bueno para…?

No soy fan de la televisión, pocos programas me gustan… En este momento la tengo encendida, como si quisiera boicotear el maravilloso y tan esperado (por mí) inicio de mi primer libro, también me ha dado hambre y después ganas de ir al baño y en escasos renglones llevo 2 horas, por todo lo que “he tenido que hacer”; el universo está conspirando en mi contra, acaba de empezar uno de mis dos programas favoritos #NoEsDeDios. ¿Quién puede acaso pensar iniciar algo en su vida con tanta tentación y distracción?

¡Es en serio! tengo que entregar un trabajo para la escuela mañana y mis canas se notan desde un helicóptero, así que mientras escribo, estoy pensando en todo lo que me falta por hacer; mientras checo mi “whats». Porque a lo mejor alguien me escribió y no me di cuenta por estar ¿escribiendo?, ¡no tengo madre!

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Se han de preguntar ¿para qué se pone a escribir si está tan distraída, ocupada o lo que sea?, ¡por eso!, ¡justamente por eso!, porque creo que así nos pasamos la vida, queriendo hacer sin hacer, interrumpiendo y boicoteando nuestras ganas de hacer las cosas. “Siempre hay algo qué hacer”, siempre algo hace falta y justo se nos atraviesa cuando estamos decididos a dar ese paso que nos llevará a el maravilloso lugar de “quién sabe donde”.

¿Será que va por ahí?, que en el fondo nos aterra dejar “lo seguro”, lo conocido ¿por lo inseguro y desconocido? o peor aun, que en ese lugar de “quién sabe donde” nos vamos a enfrentar a nuestro talento, a nuestra fuerza interior, a la independencia y a la “intensa carga” de hacernos responsables de nuestras decisiones por seguir el corazón, la voz interior, lo que nos hace suspirar con sólo imaginar que nuestro gran sueño pueda hacerse realidad.

Pero eso no se hace sólo, hay que meter las manos y cabeza en muchas cosas y sacarlas de otras; habrá que renunciar a situaciones que hoy nos parecen imprescindibles, al grado de que ni tu programa favorito, ni las canas, ni el “whats” puedan ser motivo para rondar 2 horas alrededor de una mesa y sentarte a hacer lo que te hace vibrar.

Poco a poco mi televisión dejó de sonar o eso sentí, el whats se me olvidó y las canas, pues esas desgraciadas siguen ahí y esas si me las voy a pintar, ¡Ciao!