Mi trabalenguas

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No temo a decir que me enredas, me trabas y manejas mi boca al antojo de la tuya. No temo a decir que mis labios ya llevan tu nombre escrito en tinta transparente y menos aun temo a decir que no es un estado transitorio. No es un capricho, ni un «temprano». No se trata de un «pronto», de un «ahora», de un «mientras». Se trata de un tarde duradero, un «ahora y después», un «durante». Se trata de un camino. De una vida como un puzzle de noches. De caricias.

Se trata de recuerdos. De noches en vela, de vela y orgasmos. De mañanas cobardes, de madrugadas eternas. Se trata de pasión. Historia de dos vidas, quizás de dos ciudades como la de Dickens. Se trata de Dickens, de Austen, de Shakespeare, de Brönte… De vivir entre páginas el amor más cruel. Se trata de escribirte en mis páginas.

No es cuestión de un «siempre», nada es eterno; ni de un «como siempre», la rutina acaba con la ilusión. No te pido una noche, quizás ni siquiera un día. No establezco un horario, un continuo espacio-tiempo. No te pongo etiquetas, no es necesario. No quiero denominaciones, ni familias que unamos por simple convenio. No te pido un convenio, ni lo clásico, ni mucho menos «lo normal». No te pido.

Decía Neruda: «Puedo escribir los versos más tristes esta noche; escribir, por ejemplo: La noche está estrellada y tiritan, azules, los astros a lo lejos».  Yo esta noche, voy a escribir versos. Versos que traten de besos, besos que ahogan palabras. Besos de palabras cortadas, palabras que cortan miradas. Miradas intensas, desbocadas; desbocados corazones al habla. Hablando de versos, de palabras; hablando de razones, de miradas. Sonrisas que asfixian tentadas. Voy a escribir versos, versos que no sepan a nada, versos que no sean versos, versos que sean palabras, versos que traben lenguas y lenguas que callen besadas.

Y voy a cantar ruegos, ruegos que alcancen el alma. Alma que flote hasta el alba, alba que ahogue madrugadas. Madrugadas que madruguen solas, madrugadas que despierten amarradas, amadas por el fuego que consume, consumidas hasta matar el alba. Desalmadas, descarriadas; destinadas a no ser nada. Desarmadas, solitarias; decididas a no ser nada.

Voy a escribir versos, versos que sean palabras. Versos que traben lenguas y lenguas que callen besadas.
Voy a morder miradas. Voy a besar palabras. Voy a amar desbocada, a acariciar la almohada. Voy a soñar.
Voy a soñarte. No temo escribirte y trabarme, a pensarte y desmontarme. No temo besarte.  No temo  temblar.

Decía Neruda: «Puedo escribir los versos más tristes esta noche».

Bien, yo puedo escribir los más solitarios, los más felices, los más encarnados… Yo puedo escribirte.