Mi soledad y yo

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Tengo una nueva compañera en mi vida, la soledad. No la busqué, ni entraba en mis planes conocerla, pero apareció un día en el que me abandonó el amor de mi vida. Y así de repente se quedó conmigo, sin yo desearlo, por las noches lloraba porque no quería estar con ella, y por el día huía de ella, pero no me quedó otra que reconocer que estaríamos juntas mucho tiempo.

Al principio fue difícil convivir con ella, aún hoy en día no soporto su silencio, la casa parece tan grande, y aunque está llena de cosas, se produce un eco atroz como si no viviese nadie, como si la casa no fuera un hogar cálido. Y quizás sea así, me cueste estar con mi soledad entre las cuatro paredes, incapaz de darle vida y calidez a mi hogar.

He tomado la decisión de reformar las estancias de la casa, quiero sentir que éste es mi espacio, mi refugio cuando estoy triste, confusa y perdida en esta nueva etapa de mi vida. Quiero que me transmita tranquilidad y calma, que sea mi confort.

Pero seguramente lo que necesite es reformar mis pensamientos, ponerlos en orden y al hablar con mi nueva compañera, la soledad, me diga quién soy, me transmita mis anhelos y deseos para convertirme en la persona que ahora quiero ser. Da tanto respeto hablar con ella, que no me atrevo a estar en silencio, sin ningún ruido y sin ninguna distracción para poder escucharla. Es duro enfrentarse a uno mismo y descubrir quién eres, ¿y si no me gusta quién soy? ¿cómo puedo cambiar? O ¿debería aceptar la persona quién soy y amarme tal cual soy? Le hago tantas preguntas que la abrumo, o más bien, me agobio yo al someterme a tal interrogatorio.

Me entran tantas dudas cuando me quedo con mi nueva compañera, que la intento evitar, seguramente porque temo que me haga daño descubrir sentimientos y pensamientos nuevos que antes no me planteaba y que ahora me tengo que enfrentar para encontrar mi camino y poder avanzar en la vida.

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Sin embargo, cuando la dejo estar a mi lado, ella me conecta con momentos de la vida que me hacen sentir bien conmigo misma, me da serenidad y sosiego. Y a la vez me va dando seguridad para creer en mí misma, para afrontar esta situación de cambio y me enseña que me tengo que querer, aunque me cueste ver en mí una persona que merezca la pena.

Poco a poco mi compañera se va convirtiendo en una amiga, tengo que aceptar que la soledad no es estar solo, es estar con uno mismo y llegar a descubrir los pequeños placeres que la vida te ofrece…

Para convertirlos en momentos llenos de felicidad.