Mi reflejo frente al espejo… Parte 2

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Apretó mi mano en señal de violencia

-Cállate-  me dijo para que nadie se acercara a verme llorar

Yo sufría de violencia física y psicológica en la escuela

¿Cómo puede haber personas que te lastimen sólo porque no haces lo que ellos quieren? ¡¿Cómo?!

Me sentía mal, no iba bien en la escuela por esa razón. Dios… Era un temor constante. No podía poner atención en clase, me sentía acechada.

Una valiosa lección que rescato de esto es que quedarse callado es lo peor… Si sufres algún tipo de maltrato por parte de alguien no debes quedarte callado, porque si lo haces es como darle permiso a esa persona que está haciendo daño de que siga actuando así contigo.

 Lo mejor es hablarlo.

Ve con el maestro de educación física, falta un lugar en la escolta y eres posible candidata. En este momento están ensayando– dijo el maestro de biología con el que estaba en clase en ese momento.

Olvidé ese recuerdo que me había traído la agresión de una de mis compañeras días antes en la escuela y me dirigí gustosa a la cancha donde se ensayaban las tablas rítmicas y la presentación de la escolta.  Al acercarme las compañeras  de mi salón que ahí estaban empezaron a hacer comentarios entre ellas y a dirigirme miradas asesinas.

El ensayo fue un desastre, sentía ese rechazo por parte de las demás y eso me hizo sentir insegura. Terminó la hora y corrí al baño. Me apoyé en el lavabo,  de frente al espejo con la mirada hacia el piso.

– ¿Pero que me pasa?, No soy buena en nada, por eso nadie quiere estar cerca de mí- dije levantando la vista.

-¡Pero qué bonita!- exclamé sorprendida al ver mi reflejo de ese día-. ¿Por qué no me quieren entonces si soy tan bonita? -pensé al verme al espejo- O tal vez no lo soy- dije finalizando.

Ese día dude de mí y muchos más.

– Levántate yo voy en ese lugar- me dijo en tono autoritario una de mis compañeras otro día cuando estábamos en receso.

Me levanté sin decir nada al respecto.

¿Por qué dejaba que las personas me tratarán mal sin oponerme?

 Al terminar las clases salí de la escuela y caminé sin ninguna dirección hasta que me sentí mejor y me dirigí a mi casa.

En el pasillo que había en mi casa en dirección a la sala estaba una pequeña repisa con un jarrón que siempre tenía rosas frescas  y justo arriba de ellas había un espejo grande colgado en la pared que servía como adorno, me miré:

 -Yo veo a una persona maravillosa, ¿Por qué los demás no?-dije al verme reflejada en ese espejo.

-Eso se llama autoevaluación– apareció mi hermana de la nada

-¿Qué?- dije volteándote a ver

-Lo que acabas de hacer- dijiste señalándome

-La autoevaluación forma parte de la autoestima, es una de sus bases. – dijiste concluyendo- y continuaste tu paso por el largo pasillo.

Yo por mucho tiempo había creído que lo que me pasaba a mi tenía que callarlo, buscarle una solución yo sola. No sé si fue porque a alguien se le había ocurrido decirme que eso hacían las personas “fuertes”.  Hablar contigo me ayudó. El hecho es que siempre que lo hablaba con alguien llegaba a una solución más rápida.

Reflexioné sobre lo que me mi hermana me acababa de decir hace un momento, la palabra “autoevaluación” ya la había escuchado mencionar antes.

– Vaya,  yo veo a una chica linda en el espejo, y no solo físicamente sino también en mi forma de ser con los demás dije-  esa era mi propia valoración sobre mí.

 ¿Entonces por qué los demás lo daban por el contrario?

 Yo me sentía bien con mi peso, pero insistían en que estaba gorda, a mí me gustaba mi cabello pero insistían en que me hacía falta un corte más bonito…

¿Iba yo a darle gusto a esa gente o iba a hacer lo que a mí me parecía pertinente?

-¡¿Ellos que?!-le dije a mi reflejo- Si yo me equivoco por realizar exactamente todo aquello que me están diciendo que haga quien se va a ver afectada voy a ser yo y no ellos…Yo había hecho antes eso, dejar ciertas cosas o también hacerlas sin que yo quisiera, solo para darle gusto a la gente o para tener su simpatía, pero la que sufría al final con los resultados era yo.

Y no significaba que no debía tomar en cuenta la opinión de los demás, significaba que yo debía ser capaz de reconocer por misma aquello que era necesario cambiar porque no me estaba haciendo bien o porque podía obtener algo mejor, y a la vez darme cuenta de aquello con lo que yo me sentía feliz y me hacía bien,  y que no estaba dispuesta a perder solo porque a los demás no les gustaba.

 Hay que tener criterio, para reconocer ambas cosas,  porque no siempre lo que nos dicen que está mal es mentira, y puede ser que lo necesitamos cambiar para nuestro bienestar…pero en mi caso, justo en ese momento no era así…

¿Por qué es que me tratan tan mal si yo no hago nada para recibir ese trato?

-Por envidia- esa respuesta provenía desde mi interior

Era por envidia que trataban de hacerme sentir mal. Uno sabe darse cuenta que cuando realiza las cosas bien, y está en lo correcto si los demás lo atacan es por envidia…y me envidiaban no porque yo fuera la mejor persona, la más sobresaliente o la más bonita, era porque siempre que alguien destaca produce en aquellos que le atacan un sentimiento de poco valor propio, ya que posee algo que ellos no…y anhelarían ser como persona.

Que gente tan estúpida- dije reaccionando a lo que me acaba de dar cuenta- Son unos tontos todos aquellos que atacan una persona porque la envidian, en lugar de preguntarle como le hizo para lograr aquello que les causa celos.

Todo lo que es aquella persona a la que se le envidia  ha resultado de sus acciones, ¿Por qué no antes de atacarla se intenta saber que hábitos hacen de aquella persona alguien digno de admirar, o de envidiar? Y aplicarlos para el propio éxito personal, dejando de lado la envidia y dando paso al crecimiento,  sin tener que dañar a nadie y esmerándose por ser mejor.

Ahora reflexionaba sobre lo que me pasaba,  hacia un análisis de todo aquello que yo era (bueno o malo) y no me dejaba creer algo por otras personas, yo lo evaluaba.

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