Mi problema siempre ha sido la forma en que entiendo el amor

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Como lo veo yo, en el mundo existen dos tipos de personas: las enamoradas y las personas como yo. Esa clase que sobresale del resto por ser escépticas.

El puñado que pertenecemos a esta categoría, somos esos a los que por lo general no nos gusta ver películas románticas porque al final siempre todos lloran por la razón equivocada, los que detestamos el derroche de cursilerías y miel de otras parejas, los que preferimos música alegre o las que en sus letras mencionen al mínimo lo maravilloso que son las relaciones y cuan aman u odian al ser en cuestión, los que preferimos no tener pareja solo para evitar todo el drama que este conlleva.

La realidad de estos pensamientos, al menos en mí, no recaen en que tengo el corazón roto, o en que alguien me haya hecho daño; mis amistades suelen suponer que el que yo no crea en el amor convencional se debe a alguna de esas razones. Es decir, por supuesto que me han lastimado, como todos los que hemos amado, también he llorado, llorado en mi cama escuchando música de tortura hasta quedarme dormida, también he sentido ese «¿qué hice mal?» todas las noches antes de ir a dormir, me he tirado al vicio algunas semanas porque alguien por ahí dijo que las heridas así sanan más rápido; aunque la verdad no sea cierto; también me han friendzoneado y decepcionado. Las personas escépticas también hemos sufrido, sin embargo esto en absoluto me llevo a pensar como hoy y como siempre lo he hecho.

Nada de esto es así.

Tan sólo que no creo en las relaciones donde alguien dependa emocionalmente de mí, que sea yo la razón en sus cambios de ánimo o en sus decisiones. ¿Qué clase de vida es esa?. Eso es una mierda. Nadie que conozca puede esperar que otra más soporte todas sus facetas, todos y cada uno de nuestros defectos, nuestras reacciones, nuestros gustos y peculiaridades, esas cosas raras que solemos hacer cuando nadie nos ve, ese intenso odio que tenemos secretamente a cosas que nadie más toma en cuenta, lo insoportable que a veces podemos llegar a ser.

Algo que las parejas en plena limerencia se dicen, es que no cambiarían nada del otro, que lo aman tal y como es; pero en el momento que él o ella hacen algo que no les parece entonces se molestan, empiezan los ataques de celos, comienza a existir el «prométeme que no volverás a hacerlo». ¿Por qué prometer no volver a hacer algo que tú decidiste hacer? porque así lo querías, porque te hacía feliz, porque tenías ganas. ¿Por qué sacrificar toda nuestra esencia como individuos por alguien más?. La verdad es que yo no lo entiendo.

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Y no me mal interpreten, yo me he enamorado perdidamente cientos de veces, me he enamorado del carácter de las personas, de su forma de ver el mundo, de los ideales por los que rigen su vida, de su filosofía, de su sabor; yo vaya que me he enamorado, absoluta y perdidamente lo he hecho. He tenido relaciones maravillosas con personas que me han amado y que estaban dispuestos a dar todo por mí; creo que es en ese momento donde para mí las cosas ya no fluyen como solían hacerlo.

Siempre soy yo el maldito problema.

Y no, tampoco le tengo miedo al amor; hay quien dice que en definitiva ese es mi problema, que mi forma de interpretarlo se debe a que no he conocido a la persona correcta, esa persona que conecte todos mis sentidos y que ponga por encima de mis necesidades, por la que mueva mundos para encontrar su felicidad. Eso suena bien, me gustaría que tuvieran razón.

Pero no lo creo, no me traicionaría por darles la razón, siempre me ha gustado andar contra corriente y que clase de persona sería si me entrego a alguien de la manera que el mundo entero dice que es la normal, sólo para intentar encajar. Aquellas personas que respetan lo que son, quiénes son, sin cambiar ni vacilar un instante son aquellas que vale la pena conocer. Yo creo que sí y creo que siempre.

Existen pocas personas que entienden el amor como yo lo entiendo, en libertad, sabiendo que eso no significa traición; un amor donde entregándonos no nos perdamos a nosotros mismos, un amor donde no pertenezcamos el uno al otro, sólo nos compartamos de vez en cuando, así, un amor sin explicaciones. Un amor a ratos, pero lleno hasta el borde.

No sé, tan sólo por un momento me gustaría saber que no soy la única que piensa de esta manera. Me gustaría dejar claro que no soy una loca con la que nadie debería meterse porque no sabe amar. Me gustaría que alguien entienda que no odio al amor, ni he dejado de creer en él. Yo creo y cuando me enamoro lo hago con todos mis extremos.

Tan sólo por un momento me gustaría saber que alguien más allá afuera sabe amar en libertad.