Mi miedo a perderte, te está alejando de mí…

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Ya no me mires de ese modo, tan fijo y distante, tan perdido y sin ganas de nada. He pasado tantas noches tocando el cielo oscuro desde mi alcoba, que llego a creer que estoy volando… para después encontrarme con los pies bien plantados en el suelo.  Siempre es lo mismo conmigo, sueño pero me aferro a lo real, para evitar desplomarme contra el piso.

La cursilería color rosa se escapó de mis dedos hace ya varios años, cuando al abrir los ojos me encontré con una abrupta realidad llena de mentiras y promesas incumplidas. No es que ya no crea en el amor, pero me cuesta creer en las personas.

Poco a poco la idea de sentimientos infinitos va desapareciendo de mi mente, y aunque por momentos me veo a mí misma en un ‘felices por siempre’, sacudo la cabeza y me obligo a aterrizar. Nadie podrá hacerme feliz por siempre, sólo yo misma.

Y de pronto apareces tú, con ilusiones en los hombros y vestido de franqueza. Debo admitir que a veces no sé cómo reaccionar ante tu actitud demasiado positiva, la mente me traiciona y contesto a mis adentros frases patéticamente realistas. ¿Me amarás por siempre? No sé cuánto dure un ‘por siempre’ para ti, porque esos ‘por siempre’ suelen tener un periodo de vida de… casi nada.

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Puedo parecer un poco tosca e incluso no demasiado entusiasmada, pero me has obligado a ser una contradicción de persona. No creer en los finales felices, pero esperar el nuestro ya de viejos, tomados de la mano. No creer que una persona pueda amar por toda la vida, pero creer que yo nunca dejaré de amarte. No creer en nadie y al mismo tiempo querer creer siempre en ti, en nosotros.

Y es en esa contradicción que pierdo el equilibrio. ¿Cómo puedo pretender querer estar siempre contigo, si me planto la idea de que tarde o temprano te alejarás? ¿Cómo soñar una vida a tu lado, si me digo a mí misma que no quiero ese tipo de decepciones en donde tantas personas pierden la fe incluso de sí mismas?

Mis miedos y manera de pensar me asfixian algunas veces. Esa competencia por la cruda realidad y una dulce fantasía. Y sigues ahí, esperando de mí algunas cosas que jamás dices; y estoy yo aquí, sabiendo lo importante que eres en mi vida pero no diciéndolo, para que cuando te vayas no me duela tanto.

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El miedo que a veces me ataca, de ver tu silueta perdiéndose a lo lejos, de no saber cuál será el último beso o en qué momento ya me quieres menos… ese miedo de perderte hace que ahora me mires así, tan fijo y distante, tan perdido y sin ganas de nada.

¿Si me abalanzo en tus brazos aún habrá algo por hacer? O te he hecho perder las ilusiones…

Duele darte cuenta que por buscar protegerte del mundo, hayas dejado fuera de la burbuja a quien quizá te haría recuperar la esperanza de todo.

Duele saber que el miedo a perderte, es el mismo que te está alejando de mí.

 

Escrito por: Mayeli Tellez