Mi amor imposible…

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El destino no para de sorprenderme, ahora usted apareció…
Me levanté muy temprano, era mi primer día de clases, llegué al plantel corriendo, ya iba tarde y al dar vuelta para entrar al colegio, choqué con usted, derramé su café en su saco, pedí disculpas, sólo dijiste que no me preocupara, sonreíste y me dirigí al aula.

Al tercer día entraste al aula a impartir tu clase, me viste y te vi, sólo sonreímos, nada raro, al terminar la clase me miraste de una forma extraña, no presté atención y salí del salón.
No sé qué pasaba en mí, no dejaba de pensar en esas miradas que sin querer se cruzaban entre nosotros. Pasaron los días, ya bromeabas conmigo, me encantaba tu forma de ser tan alegre y natural, me gustaban tus ojos color miel y esa sonrisa me fascinaba.

Desde un principio todo era normal, alumna y profesor…
Me encantaban los días que me daba clase, era como un toque de alegría a mi vida el tan sólo verlo, pensé que era una locura, pues era mi profesor y yo su alumna, para mí era normal entusiasmarme, yo no lo veo malo como todos los demás que lo notaban mal y lo tachaban de acosador.

Al final ya no iba a dar clases, no sé si fue porque en verdad estaba enfermo como en la última clase en que nos lo dijo o se alejó de mí. Jamás borraré de mi mente su última mirada hacia mí; quise acercarme a usted, como todos mis compañeros lo hacían para preguntarle el porqué de su ausencia, pero no tuve el valor de acercarme, sólo me vio, sonrió y se fue… Esa fue la última vez que lo vi.

Al día siguiente ya no fue, nadie nos quiso decir nada de usted… Sólo espero que un día lo vuelva a ver… A usted, que llegó a alegrarme la vida, a usted aunque no lo puedo tener…

A usted mi amor imposible.