Me voy… Pero eso no significa que no te quiera

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Cuando comencé a salir contigo, estaba completamente segura de que me encantaba tu compañía, a pesar de eso también estaba convencida de no querer a alguien en mi vida. Había sufrido mucho y en ese momento amaba mi persona, sentía una inmensa auto admiración, por mis logros, mis alcances, mis decisiones. Tenía apenas unos meses de no vivir con mis padres, escuela nueva, casa nueva, ciudad nueva, estaba de luna de miel con la ciudad y conmigo misma.

Un día, afortunada o desafortunadamente , apareciste en mi vida y bastó poco tiempo para que comenzaras a formar parte de mis días, de mis planes y ahora mismo no estoy segura si eres o no parte de mi vida; pues con el solo hecho de pensar en ti, en tus ojos, tus besos, tus abrazos, tu risa, una inmensa sonrisa invade mi rostro, mi cuerpo siente un bienestar maravilloso. Pero no estoy enamorada de ti y sé que jamás podré estarlo; pues casi al comenzar a salir me dejaste claro que lo nuestro jamás podrá ser algo serio, y yo acepté.

Acepté ser la persona que alimentaba tus insaciables ganas de estar acompañado, y ¿sabes qué? Me encantaba, pues por primera vez en mi vida hacia algo que no era correcto, estaba contigo, pasaba mis días enteros en tu compañía, nos hacíamos caricias, nos besábamos y el mundo no nos importaba, no teníamos la obligación de ponernos un prefijo, tú eras tú y yo era yo. Nunca existió una fecha exacta para recordar lo que sentíamos, si bien nunca nos dijimos lo que sentíamos el uno por el otro, ambos sabíamos lo que el otro sentía y sólo nos bastaba saber que el estar juntos nos brindaba una enorme satisfacción.

Estábamos seguros que no es necesario formalizar algo cuando la felicidad y la pasión se pueden obtener únicamente estando juntos, y así era, parecía que cuando estaba contigo no existía nada más, no había problemas, sólo felicidad, ganas de correr, gritar, bailar, besar tus labios y sentirte cerca de mí. Me bastaba saber que estabas cerca de mí para protegerme, no estaba segura si me querías, y me encantaba la idea de no saberlo, pues el volumen de tu risa y el brillo de tus ojos cuando estabas conmigo me hacían ver tu evidente felicidad y eso me hacía feliz a mí.

2

Como todo en la vida, hubo días buenos, y días malos. Días en los que al final me dormía con la preocupación de saber dónde estabas, que hacías, si pensabas o no en mí; otros días en los que mi rostro tenía una gran sonrisa y mi cerebro se llenaba de ilusiones; hubo algunos en los que me dormí y desperté a lado tuyo y esos momentos eran encantadores. Hay momentos inolvidables que prefiero no mencionar, pues esos los he decidido guardar en el fondo de mi memoria, pues son momentos tan maravillosos que merecen no ser compartidos puede sonar egoísta, pero son mis recuerdos y nada más.

No recuerdo cuándo fue la primera vez en la que deseé formar parte de tu vida, pero sí recuerdo los momentos en los que mencionabas que lo nuestro no sería posible, pues éramos lo que éramos y nada más. Lo acepté cada vez que me lo mencionaste, pues estaba completamente segura de lo que hacía; pero nunca me percaté de que tus encantos un día podían llegar a clavarse en lo más profundo de mi ser.

Rompí con la promesa de que lo nuestro jamás sería amor, de repente moría de ganas por correr hacia donde estabas, entonces preguntarte todas mis dudas y expresarte todos mis sentimientos; pero no podía hacer aquello, pues lo nuestro era todo, pero jamás fuimos nada.

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Hoy tomé la decisión de olvidarte, mandarte a volar; eso no significa que no te quiera, al contrario, cada día te quiero más y eso mismo es lo que hace que te alejes de mí. Te digo adiós, porque te quiero, y si no me puedes querer a mí no es importante, pues estoy segura que hice todo lo posible por hacerte feliz mientras compartíamos nuestro tiempo.

Me voy, pero te estaré esperado, esperaré a que te cuenta de lo que en realidad sientes; si decides soltar mi mano lo entenderé y tan sólo diré adiós; pero si regresas y si tus sentimientos convergen con los míos, allí estaré con los brazos abiertos dispuesta a darte todo mi cariño, sin importar títulos, ni fechas, ni edades. Te esperaré para darte lo más valioso de mí: Mi amor.

Pero esa espera no será eterna, así que espero que llegues o te marches pronto pronto.