ME OBLIGO A OLVIDARTE

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Porque hay días que te
extraño tanto, que parece que sin ti me vaya a morir. Últimamente tan sólo hago
que pensar en ti. No dejas de acudir a mi cabeza; de invadir mi pensamiento. No
puedo concentrarme en nada ni en nadie más. Como si fueras lo único de mi vida;
como si todo lo demás no estuviera; solo tú.

Tan solo puedo
llorarte. Aunque tenga momentos de felicidad plena;  ratos en que soy permanentemente feliz, me
siento extremadamente bien y quiero comerme el mundo, siempre llega ese día en
el que todo se vuelve contra mi otra vez. Ese odioso día en que tu persona se
come mi mente, ese día en que la tristeza, la melancolía y los recuerdos me
vuelven la persona más desgraciada del universo. Ese día en que pregunto por
qué seguiré aquí y me doy cuenta de que mi vida no es nada, que yo no soy nada.
Me siento vacía; te busco y quiero hablarte, o tal vez, escribirte y decirte de
una vez que te necesito y que te amo como jamás amé a nadie.

Busco nuestras
conversaciones. No sé ni tan solo por qué las conservo, por qué no te borré de
mi vida como hice con el resto, por qué te busco en la red, miro tus fotos y lo
guapo e interesante que eres. Siento que no puedo encontrar a alguien como tú.
He tenido tantos pretendientes, me he besado con tantos, pero ninguno es como
tú. A veces cuando estoy con ellos, imagino que eres tú. Les pongo tu cara. Les
despersonalizo y les convierto en tus replicas. Pero me falta tu esencia, me faltan
tus labios, tus ojos negros, tus manos dulces, me falta todo, porque no eres
tú. No puede existir ningún hombre como tú; no puede haber nadie que sea como
tú. Que piense, transmita y me envuelva como lo hacías tú. No consigo encontrar
a nadie que te reemplace, que ocupe el agujero que dejaste, que me llene otra
vez.  

A veces el dolor se
vuelve insoportable, el mundo entero cae sobre mí y parece que vaya a
aplastarme. No consigo dejar nada atrás, no puedo. En algunos momentos te
apoderas de mí, sin dejarme escapatoria alguna. Te vuelves impetuoso. Ni
siquiera puedo plantearme ignorarte. Asaltas mi cerebro, violentas mi pensar,
te adentras en mí como el hielo. Entonces, un escalofrío recorre mi cuerpo, es
como si se me hubiera congelado el corazón. Un terrible frío me domina, me
cuesta respirar, me falta aire, se me nubla la vista, los ojos se me llenan de lágrimas,
y lloro desconsoladamente. Son esos instantes, en los que te extraño tanto. Esos
momentos de delirio, aquellas ocasiones en que exhalo el aliento de tu ser,
cuando me muero por tenerte otra vez. Y a pesar de todo no dejo de luchar para
que te marches, para que te vayas de una vez y me dejes en paz. No dejo de
decirme que lo fundamental de la vida es ir hacia delante y avanzar, no
retroceder y permanecer en un tiempo y en una situación que ya no nos
pertenece.  Me exijo librarme de ti, de
todo lo que dejaste en mí.
Me obligo a
olvidarte.