Me he vuelto inmune a ti…

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¿Recuerdas cuando mirar tus ojos, era mi más grande vicio? El besar tus labios, contarte las pecas, jugar con tus dedos y dedicarte canciones. ¿Recuerdas cuando jugábamos a ser unos locos? Hacíamos tonterías, saltábamos de un lado a otro, corríamos sin sentido y dábamos la mano al destino. Vernos no era un sacrificio.

Con sólo escucharte, mi día se alegraba por completo. Cosas tan simples como tomarte de la mano me hacían sentir invencible. Enfoqué mi felicidad en ti y en mí, en ambos, juntos… en un futuro donde jamás me faltaras tú.

Uno de mis más grandes placeres de la vida, era amarte… porque no parecía ser ningún reto.  Estábamos seguros de que nunca nada nos separaría, que cualquier adversidad sería nada frente a nosotros. Que los problemas serían superados como un simple obstáculo obstruyendo un camino. La noche era lo único oscuro que podía sepáranos.

Pero todo cambió… o tal vez solo tú lo hiciste, quizá ambos, no lo sé.

Todo se derrumbó y no lo impediste, no pusiste resistencia, no luchaste conmigo.

Solías hacer que mi respiración fuese fresca y ligera, después eras tú quien me provocaba asfixias. Calmabas mis miedos hasta que te convertiste en el más grande de ellos. Decías que jamás ibas a herirme… y me clavaste una daga en la espalda.

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Vaya que mi mundo se sacudió fuertemente, no supe que sucedió. ¿En qué momento dejamos de ser dos y me vi sola caminando a casa? ¿Cuándo confiar en ti se transformó en un reto? Y si, tambaleé, me tropecé; quizá mis sueños y lo que habías construido dentro de mí se derrumbó, pero ¿ves?… yo no me derrumbé.

Poco a poco mi destino cambié, limpié el desastre que dejaste en mi pecho, enmendé mis propias heridas y bebí mis lágrimas hasta no volverlas a ver caer, o al menos no como en un principio.  Saqué cada pedazo de ti que se encontraba en el espacio de corazón que era sólo tuyo. Sabes que me destruiste con tu partida pero ahora ya no te necesito aquí. No soy inmune al dolor, pero ya soy inmune a ti.

Lo has comprobado y te ves muy desanimado al darte cuenta de que estoy mejor que cuando estaba a tu lado, y que sin duda, estoy mucho mejor que cuando emprendiste tu partida. Creíste que te lloraría por siempre aquellos mares, que permanecería deprimida hasta que por fin regresaras. Esperabas que después de irte tú a buscar alguna aventura, yo permanecería paciente y ansiosa en el mismo lugar del que te fuiste.

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En un principio me resultó difícil, pero ahora solo bailo, canto, sueño y río… y eso te duele, amor mío. Sabes que ya nunca regresaré, que contigo, mi piedra favorita, ya no tropezaré. Sería una tontería elegir caer de nuevo contigo, si no te importó herirme de esa manera, ¿por qué no habrías de hacerlo una vez más? Contigo no me volveré a arriesgar.

¿Acaso creíste que un simple error destruiría mi vida? no lo negaré, claro que al principio me dolió tu partida pero el que se cae, se levanta. Al dar fin a esto, mi vida comenzó, pues mi mayor prioridad descubrí que era yo… y qué bien me veo de pie.

No estoy diciendo que soy la más fuerte del mundo, pero ya he despertado de aquél sueño profundo. Descubrí quién soy… y aunque siento un cosquilleo al verte, prefiero seguir teniéndote lejos. Gracias por las sonrisas que me provocaste, por el tiempo a tu lado y por mostrarme que la magia existe en un beso. También gracias por irte y mostrarme que el mayor amor se encuentra en uno mismo.

Gracias por hacerme inmune a cometer un mismo error más de una vez… gracias por hacerme inmune a ti.

Escrito por: Mayeli Tellez