Me enamoré de los detalles…

1

Nos sentamos en un café y me miró. Fue precisamente esa mirada la que me hizo dar cuenta de las cosas, me paralizó el mundo.

Lo miré curiosa, curiosa por saber el significado de esa mirada, por saber en qué pensaba, así que me atreví a preguntarle, de inmediato se sonrojo y lo negó.

A partir de ese momento no pude olivar esa mirada, la tenía en mi mente todo el tiempo y en un pequeño descuido recordé todos esos pequeños momentos.

Lo primero habían sido todas esas salidas casuales, a  cenar, de antro, a dar un paseo y así llegamos al momento de hacer todo juntos.

Lo siguiente en lista habían sido todas esas peleas estúpidas en donde parecíamos marido y mujer, peleábamos por el color de la ropa que traía el otro, por lo que comeríamos cuando salíamos, por las calles en las que caminábamos, por si uno fumaba y el otro no tenía vicios, por si sonaba el celular del otro y nos perdíamos atención y hasta por la hora en que se levantaba el otro.

Seguí pensando en las cosas que hacía, cuando me preparaba la comida, me abría la puerta del auto, nos dábamos cosas en la boca, nos acariciábamos y siempre él se refería a mi como Cariño y yo a él como Corazón.

Fue ahí, después de todo esto, me di cuenta de que estaba enamorada y eran precisamente todos esos detalles los que me habían hecho enamorar de mi mejor amigo.

Fue hasta entonces donde comprendí esa mirada, comprendí que el también estaba enamorado de mí y que éramos el uno para el otro.

Así que la próxima vez que lo vi, antes de reprocharle, la hora o su atuendo; lo miré con la misma mirada que él me ofreció en el café y no hicieron falta palabras…

Nuestras miradas dijeron todo lo que debían de decir  y  se callaron con un beso eterno.