Me dejaste con todo este amor y sin rumbo…

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Aunque las cosas no han salido como esperaba, me encuentro tranquila. Sigo pensando en ti lo confieso, sigo extrañando tus manos, tus abrazos, tus besos, tu voz… A ti.

Sé que las cosas cambiaron totalmente, he caído en cuenta que nunca has sido mío, ni tampoco lo serás. Y aunque aún conservo ese vacío en mi pecho por alejarme de ti, sé que es lo correcto, por mi bien y por el de alguien más. Añorarte no me sirve de mucho, pues sigues estando en el lugar equivocado a mi parecer.

Cada vez es más difícil verte, y saber que ya no te puedo tener cerca ni un instante más, al menos no como lo deseo.

Para mí no habrá nadie como tú, nadie más despertará en mí, lo que tú lograste en tan poco tiempo, quizá será ese el motivo por el cual mi corazón no te quiere soltar aún, se aferra a un «nosotros», este terco corazón, no entiende de razón, camina ciego hacia ti.

Peleo con la idea de pensar en un futuro entre tú y yo, sé que en el fondo no será así. Me estremesco y me abrazo con esa idea tan rebuscada.

Anhelo que llegue el día, en que pueda mirarte a los ojos y no sentir absolutamente nada, que no provoques nada en mí, lo merezco por todo el amor no correspondido que aún tengo hacia ti.

Sé que pronto llegará el día, no espero por nadie más, mucho menos a alguien que me ayude a sacarte de mi mente y mi corazón, no confío en esos juegos de amor.

A pesar del dolor que siento al estar lejos de ti, no te deseo nada negativo, sino todo lo contrario.  Lo único que me queda es guardar todo el amor que tengo para ti y dejar que el tiempo lo borre poco a poco.

Mientras, seguiré extrañando cada respiración tuya, cada sonrisa, cada momento vivido a tu lado, hasta que un día… Dejes de doler.