Me convertí en un guerrero por ti…

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Te he demostrado, hasta donde soy capaz de llegar por mantenerme aquí, contigo.

Te dije que atravesaría la tierra incluso llegaría hasta el último rincón del mundo, por ti, por nosotros.

Te dije que podría acompañarte hasta el cielo y de regreso si decidías extender tus alas y volar.

Pero no me creíste nada…

Me querías ver con la espada en mano y la armadura puesta. Librando batalla donde no debía ni siquiera comenzar.

Yo no quería pelear, la sola idea me desgastaba. Pero tú no creías en un amor sin sufrimiento, sin tortura. Y me provocaste todo lo que pudiste hasta que me hiciste estallar.

Y entonces empezó la guerra…

Heridas al alma, golpes directos al corazón.

Me coloqué la armadura de hombre fuerte inquebrantable, pero estuviste muy cerca de romperla, la rayaste con con tus palabras.

Pero el casco, ese sí lo derribaste, con tus acciones, con tus manías, con tu manera de culparme de todo, incluso de lo que tú hacías.

Los golpes fueron certeros, pocas veces alguien había estado tan cerca de destruirme, pero salí ileso de tu amor insano.

La armadura está en reparación, todo marcha bien. Espero y tus heridas estén sanando tan bien como las mías.

Sólo prométeme algo: Que dejarás de buscar pelea donde lo que deberías de buscar es amor.