Mantente cerca…

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Amiga.

Nuevamente te miro, estás frente a mí, hace poco nos quedamos callados en esta extraña cita de la que me nombro culpable. No sé bien qué pase por tu cabeza luego de que me acercara a tu rostro, me pareció incorrecto, aunque debo admitir lo mucho que detesto verte triste por alguien. Tomé tu rostro entre mis manos y comencé a hacerte muecas para verte sonreír. Me pareció que te veías hermosa, pero no te lo pude decir.

Ayer, cuando me dijiste que sí querías salir conmigo me sentí feliz, por fin solos, después de tantas maneras que buscaste para no sentirte mal, al fin me dejaste verte de nuevo como la mujer que eres, y pensé que no estaba tan mal, si después de todo, nadie más estaría cerca. Caminamos largo rato haciendo chistes, jugando, tonteando como antes. Mirabas al sol y te ponías tan ruborizada que me parecía gracioso no haberte visto antes de esa manera.

Te pusiste ese extraño vestido que, juraste, sólo usarías con la persona más importante de tu vida, porque no te agrada verte tan femenina. Tus labios lucían extremadamente rosas y a tus ojos los adornaste con coronillas oscuras para darles profundidad. Saliste a mi encuentro e irradiabas felicidad, me abrazaste de la manera más cariñosa que hasta ese día conocí, te soltaste a reír y no entendí bien qué sucedía.

Llegamos al parque, sí, ahora estamos aquí, no sé bien qué sucede, porque lloraste como Magdalena en mi hombro, no sé qué hago abrazándote, ni tampoco entiendo por qué estamos en el mismo lugar donde nos conocimos. Tu mirada sube a mi rostro, se te ha corrido todo el maquillaje, pareciera que mi pecho te agradó para poner lágrimas de niña. Limpio cuidadosamente cada pequeña línea y tiemblas. Sigo sin entender.

Recuerdo perfecto que me miraste furiosa cuando te dije que me daba lo mismo si ibas en pijama o llegabas con ropa de gala, me diste semejante golpe en el brazo que, hasta ahora que se moja un poco con tus lágrimas, despierta. Llevábamos tres meses sin salir, estoy confundido, hace mucho que no sé de ti, y te pones a llorar como si no hubiese un mañana. ¿Por qué? No te acerques, no, por favor no lo hagas. Mantén tu distancia.

Estoy luchando contra mis impulsos, porque me importa demasiado tu amistad, no obstante, sigues… ¡Deja de insistir! Por favor, aléjate un poco. Por supuesto que esto cambia todo, no lo preguntes siquiera. Déjame respirar, me siento extraño con esto, no me pongas en situaciones difíciles… ¡Quita tus labios de los míos! ¿Qué estás haciendo? Sólo…

Sólo sigue, por favor, mantente cerca. No te vayas, aún no puedo entenderlo, pero empiezo a hacerlo. No te sueltes de mí, aguarda, no, no te alejes, aún no lo entiendo… ¡Aún no lo entiendes!

He esperado por esto desde hace mucho, tanto que apenas recuerdo bien nuestro primer encuentro. Quédate justo aquí, a mi lado, sostén fuerte mi mano, por favor, no te marches, y dime que es cierto lo que está pasando. Apenas puedo escucharte decir que me has extrañado y no reparo en ello…

Porque me alegra que hoy te puedas dar cuenta de cuánto has significado en mi vida.