Lo siento… Fui una mala mujer

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Es verdad no fui lo que tú esperabas, fui una mala mujer por querer cuidarte, protegerte y entregarte cada uno de mis latidos, por descubrirme siempre en tu mirada y buscar siempre la forma de seguir volando junto a ti.

Muchas veces la vida nos pone el camino tal vez a la persona correcta, pero no somos capaces de descubrirla realmente y eso me sucedió contigo. Hoy después de cuatro años me trago mis palabras, aquellas palabras con las cuales tal vez te lastimé y sin saber que ahora sería yo la que estaría recordándote una y otra vez.

Sé que fui una mala mujer al querer que formaras parte de mi mundo, hoy recuerdo cada detalle y te pido disculpas por cada «te quiero»  que solía darte cada día desde el primer momento y que con el tiempo se transformaron en un «te amo» que no sabía porqué precisamente lo hacía, pero mi corazón decía que eso era lo que yo sentía.

Discúlpame por quererte proteger tal vez hasta de ti mismo, no sabía que te causaba daño, sólo quería ser parte de ti, que te complementara, que cada vez que sintieras que tu mundo ya no funcionaba, buscaras en mi mirada, en mis manos y abrazos la paz, la respuesta a tus miedos, quería sólo… Entregar parte de mí, pero creo que eso estaba mal, porque para ti no fue suficiente.

Lo sé, sé que no soy perfecta, pero oye soy humano, una mujer que disfrutaba todo de ti, hasta tu mal genio, tu estrés, tus defectos, pero yo me enamoré de ti, de lo que dabas, de lo que eras, de tu sonrisa, tus ojos, tus enojos, tu ph natural recuerdas… Y hasta de tus desplantes.

Hoy al verme aquí sin ti, sé que es mentira lo que tal vez un día te dije… Que sin ti no podía seguir, hoy sé que es una mentira; estoy sin ti, pero no te niego que me encantaría estar contigo. Tal vez me digan y digan que ya basta, que continúe, que deje a un lado el pasado, pero como olvidar aquel día en el que coincidimos, aquellos días en los que no parábamos de reír, de soñar, de amar, de cuidarnos, de protegernos.

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Discúlpame si te sigo dañando con mis palabras de amor, con seguir amándote, mirando desde lejos y ver tu felicidad en brazos de alguien más, no quiero hacerte más daño, pero aún no encuentro la manera de dejar de ser esa mala mujer.

Sólo imaginé que serías para siempre, cuando intenté dar mi último esfuerzo, tú ya no estabas en mis manos, tu frialdad se sentía y tus ojos ya miraban diferente, el brillo ya no era para mí, ¿recuerdas cuando te decía: «el día que ya no me intereses, cuando no te busque, ni me preocupe por ti, ni te cele, ese día deje de quererte»?

No he aprendido a ser una buena mujer, creo que sigo eligiendo ser aquella mala mujer que estaría dispuesto a seguir brindando su mano para salir y cruzar cualquier obstáculo.

Sé que te alejaste por eso, por el gran daño que te hacía cada día al despertar con un mensaje mío, cada atardecer con una palabra de amor y cada noche con una bendición; de verdad discúlpame porque no sabía el mal que te estaba causando al convertirte en mi respirar.

Tal vez es momento de agradecer el que te hayas alejado, porque no puedo imaginar en la gran villana que me hubiera convertido a tu lado y tal vez hasta hubiera cometido el más grande crimen… Matarte de amor; y eso sería el mayor pecado de mi vida.

Sé que ya no tengo ningún derecho contigo, e incluso nunca lo tuve, pero mi amor es lo único que no me pudiste quitar ni romper; tal vez los sueños de una familia hermosa, una boda en septiembre…

Créeme me veo al espejo y sé que no estoy mal, tu partida no me dejo mal, lo único mal en mí es que no me he cansado de ser mala, porque en la distancia sigo bendiciéndote y desde mi intención te sigo dañando y no sabes cómo lo siento; pero al verte sé que valió la pena ser aquella mala mujer contigo.

Llegará el momento en que deje de escribirte… Por ahora es lo único que me queda.