Lo que me hiciste ser…

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Mi historia de amor comenzó como todo lo bueno, había algo nuevo y diferente en eso que me hacías sentir.
Llegaste cuando yo estaba lista para recibirte, aun recuero la forma en la que me pediste caminar contigo de la mano, éramos un par de niños; pero lo que sentíamos era tan real como que el cielo existe. Comenzamos una noche cuando nuestros padres no lo sabían.

Recuerdo cómo guardamos nuestro secreto tan bien, que nada nos faltaba, cualquier pretexto era bueno era vernos, no podíamos pasar un día sin hablarnos, incluso nuestras peleas eran patéticas, ya que sólo duraban, como mucho 2 horas. Fuimos cómplices del sentimiento más grande que conozco; cuando me tomabas de la mano parecía que volábamos, me hacías sentir que la vida era tan ligera, no necesitaba una razón para amarte y como pedirla si eras mi mayor tesoro.

Caray… Cómo no pude darme cuenta que ya había llegado tan alto, que la caída me dolería tanto.
Dejaste tanto de ti en mí, me hiciste ver las cosas imposibles posibles, reemplazamos palabras por miradas, perdoné tus equivocaciones… Pero fue por ti que descubrí lo que es amar.

Y es por eso que no guardo ningún tipo de rencor, al contrario, cuando todo terminó, me sentí triste y vacía pero sólo por un momento, después recordé que me enseñaste a amar la vida tal y como venía; a tomar los retos y superarlos. Me enseñaste a ser fuerte y ahora, ahora sé que lo soy, que te quiero más que a nada en el mundo, pero que no te necesito para ser feliz.

No olvidaste mostrarme cómo es ser uno mismo, porque me diste mi espacio, siempre respetaste mis decisiones y me enseñaste a respetar las tuyas.
Me hiciste tan independiente, creo que en el fondo tú sabias que esto pasaría y aún así me dejaste volar y soñar; gracias a todo lo que aprendí de ti es que no te guardo rencor, todo lo contrario te admiro tanto.

Y es por eso que estoy segura de que cuando te vuelva a ver, no dudaré en recibirte como lo que eres: Mi gran amor.