Lo que el amor debería ser… y lo que no

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Cuando alguno de nosotros pasa por momentos de crisis en una relación, es muy común que algunas personas nos hagan el comentario de: «No te Merece». Y no es que haya malicia en la expresión, es que nos aman y nos quieren hacer sentir mejor. Pero siempre que leo, escucho o llego a pensar esta frase, también es cierto que algo dentro de mí no está convencido del todo que esto sea real.

Y es que hablar desde el «merecimiento» de algo, implica hablar desde la desigualdad. Y realmente eso implica que dentro de la pareja, uno es superior al otro. Y entonces, ya no se es pareja, se es subordinado y superior.   Creo que el enfoque debe ser distinto. Creo que si pensamos que estar en pareja significa ser parejos en todo, entonces si él no me merece, entonces yo tampoco lo merezco a él. Y si esto es cierto, entonces ¿qué hacemos juntos?

Todos tenemos derecho a una vida digna, feliz, productiva, llena de logros personales, satisfacciones, personas con quien compartirla y disfrutarla y… Amor.   Pero el Amor es mucho más de lo que la Cultura, las normas sociales, el sentido común, la sociedad, nuestros amigos, nuestra familia, nuestros padres y nuestra madre nos hayan dicho que es.

El Amor, no es un sentimiento, aunque obviamente despierta fuertes emociones y sentimientos en nosotros.

El Amor NO ES SUFRIMIENTO, aunque es verdad que cuando estamos en una relación aveces hay momentos de profunda tristeza y algunos llegan a ser dolorosos. Pero sólo son eso: etapas, situaciones, momentos… cuando en una relación hay sufrimiento, ahí no hay amor.

El Amor no es una moneda de cambio, «Si tú haces esto por mí, yo te doy mi amor». Esto es un puro y vil chantaje. Una manera de manipulación muy barata. En el Amor hay acuerdos, consenso y cuando no se puede llegar a esto último, uno de los dos CEDE porque ama al otro. Pero sin esperar una retribución a cambio. Es ejercer la libertad de amar y ceder con amor a lo que el otro desea.

El Amor no es tolerar. La Tolerancia habla de «aguantar, soportar» algo que nos molesta. Pero no habla de aceptación. La aceptación, es cuando entendemos que el otro es así, que no va a cambiar y reconocemos que es parte de su personalidad, esa que amamos tanto. Y entonces respetamos a ese ser amado y no «lo aguantamos» ni tampoco lo queremos cambiar. Simplemente lo aceptamos.

El Amor, no es cambiar para hacerle feliz. Es cambiar porque eso me hace feliz a mí. Y al momento que yo soy feliz, reflejo  eso en cualquier área de mi vida, incluyendo mi relación. Cuando somos felices, el que nos ama también lo es y cuando ambos son felices, dirigen sus objetivos a una vida feliz y por tanto, productiva.

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El Amor no es cubrir las necesidades del otro para que no le falte nada. Es centrarme en mí, cubrir mis carencias y llenar mi espiritualidad para poder ofrecer a la relación cosas completas. Pensar que es el otro el que tiene que darme seguridad, abrigo, cariño… es poner en las espaldas del otro una gran carga que además, no le corresponde, bastante tiene ya con las suyas.

Si dentro de ti hay huecos, anhelos, carencias, necesidades insatisfechas, eso será lo que aportarás a la relación. Y el otro no tiene por qué arreglarlo, es a ti a quien le corresponde hacerlo. Sólo de esa forma habrá salud emocional en una relación.

El Amor no es ausencia. No es amar pensar que porque el otro nos ama entenderá que si no le llamo, no le escribo, no le veo no es que no le ame, sino que tengo otras cosas que hacer o arreglar. Es una realidad que cada miembro de la pareja es un individuo, con vida propia, intereses, amistades y familia propios. Pero el amor debe construirse diariamente. Debe vivirse cada día. Debe acrecentarse con respeto, cuidado, conocimiento y compromiso. Y si uno de los dos posterga al otro en lo que arregla otras cosas, no está llevando a cabo su esfuerzo de amar, respetar y cuidar la relación. Por tanto, no está amando al otro.

El Amor, ES UN VALOR. Por tanto se debe ejercer todos los días. Cada día debemos decidir vivir ese valor, cuidar ese valor, ponerlo en práctica. Cada día debemos tener el cuidado de poner un esfuerzo; cada día debemos hacer del conocimiento del otro que lo elegimos y decidimos estar con él; cada día debemos respetarle como ser humano, individuo y persona; cada día debemos comprometernos con el otro a dar nuestro mejor esfuerzo para que la relación dure y trascienda.

Sí… Amar no es fácil, requiere mucho trabajo personal, mucho respeto por nosotros mismos; mucha madurez y muchas ganas de ser feliz.

Y sí… amar también duele. Pero no porque el otro no haga lo que nosotros queremos o porque no nos merezca o porque nos hace sufrir. El «Amar hasta que duela» significa entender al otro, ser empáticos y que nos duela su tristeza. Que nos duela lo que le duele. Que compartamos sus frustraciones, sus inseguridades, sus enfermedades, sus miedos. Que nos duela su humanidad. Y aun así, seguirle amando porque es la persona que elegimos para construir el futuro y ejercer el amor.