Lo acepto, la culpa fue mía…

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Hace tan poco nuestras vidas parecían haberse unido para siempre, eran días maravillosos, se escribía una historia con muchas expectativas, con un por siempre juntos.

No supe percibir cuándo comenzamos a fallar, en qué momento se avecinó la tormenta. No logramos nunca combinar nuestra forma tan distinta de amar.

¿Cómo puedes mantener un castillo erguido por mucho tiempo cuando está construido de arena? Cuando no se tiene en la mano el mismo plano; cuando pareciera que nada ahí tiene un mismo fin y sentido.

Lo acepto,  fue mi culpa… Siempre vi de distinta manera la vida, comprendí que amar no es suficiente,  que un día de felicidad y caricias no forman la vida entera, que no puedes disfrutar dos o tres días de eso y el resto padecerlo. No sólo no puedes, sino que no debes.

Lo siento amor, hoy sólo debo pensar en mí, en mis deseos y necesidades; hoy te veo en perspectiva, te he quitado la mascara, te miro sin filtro, sin maquillaje. Te he visto y me he visualizado a tu lado, me he adelantado al futuro, ahí estas junto a mí, estamos los dos juntos… Pero solos.

Lo acepto, fue mi culpa, tú prometías cambiar, parecía que comprendías y yo generaba expectativas nuevas, expectativas que no tendrían nunca vida; lo acepto, fue mi culpa.

Ahora eso me convierte en la mala del cuento, yo hoy te corto las alas, me voy, te dejo y no lo pongo a discusión, ya no negocio nada más, no escucho ya tus promesas,  tus disculpas y arrepentimientos vanos se los dices ahora al aire, quizá solo él te lo crea.

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Lo acepto, fue mi culpa… Yo fui quien sobajó sus derechos frente a tus deseos, fui yo quien justifiqué tus señalamientos infundados, yo te permití corregir mis «errores», enderezar lo «torcido» en mi conducta y hasta «planear» mi vida junto a la tuya. Amor, lo acepto, fue mi culpa… Pero desperté.

Ahora te digo adiós, y hoy es definitivo, me voy enamorada, con ilusiones y vivencias increíbles. Te dejo vivir tu vida solo, tú aún tienes mucho que aprender, hay lecciones que a mi lado no serás capaz de comprender.

Y es que irse no siempre es huir, irse es sólo cambiar el rumbo antes elegido, irse a otra parte y dejar ahí un cariño no es soberbia, en este caso, es un acto de verdadero amor. Te amo y a mi lado ya no eres feliz, estás sufriendo porque desperté y vi la vida de forma egoísta, la vi sin ti a mi lado, sin ti compartiéndola conmigo.

Lo acepto, fue mi culpa quererte como lo hago y también lo es dejarte pero voy hacia mi destino, el que yo merezco, el que deseo y por el que vale la pena luchar por encontrar. Apuesto por una vida plena, por ir tras un amor real, uno completo y maduro, un amor que me de paz.

Lo acepto amor, fue mi culpa… Y ahora te dejo.

Por: Laura Calderón