Las palabras que ya nunca escucharás de mí

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Lo que viví contigo fue algo especial, sé que cada relación es única y uno bien sabe cuales relaciones impactan de forma permanente en nuestra vida. Los ciclos a veces terminan antes de poder darte cuenta, muchas veces son inesperados; simplemente los finales llegan por mil razones y quedan muchas palabras, que nunca se dirán.

Y todos alguna vez lo hemos experimentado, pasan los días después de las despedidas, si es que las hubo, en el mejor de los casos, y la mente comienza a armar conversaciones internas, donde pensamos todas esas cosas que no dijimos en su momento, y que de alguna manera externamos, aun que sea parafraseando frente a un espejo, porque desgraciadamente, no será posible dirigirlas nunca a la persona que debió escucharlas.

Por eso hoy quiero decirte algunas de las palabras que se quedaron en mi mente y que jamás lograron salir porque no hubo tiempo suficiente. Ojalá lo hubieras permitido… pero te fuiste, y son las palabras más francas, que jamás quise decir a alguien.

 

Te amo

Es inexplicable el ardor que estas dos palabras provocan en mi interior, me queman por dentro, hacen hoguera. Eran las palabras que más desee mencionar frente a ti. Mi corazón latía fuerte cuando pensaba en las amplias posibilidades de tener esa oportunidad y ver en tu cara esa sonrisa que denotara absoluta correspondencia. No sucederá, porque si así pasara, jamás llevarían la intensión que tuvieron, antes de que te fueras.

 

 Has hecho que quiera ser una mejor persona

Desde el día que supe que valías la pena, que eras la persona especial que espere durante largo tiempo, pasó algo extraño en mi, quise dejar de lado ciertas conductas, malos hábitos y sobre todo, pretendí olvidarme por completo de aquel ex que nunca había terminado de irse; dejarlo a él y a ese historial de “amigos” que ya no despertaban en mi ningún sentimiento o necesidad. Porque todo lo que había que sentir, lo sentía ya por ti.

 

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 Me encanta ver a diario tu cara tan maravillosa

Siempre supiste cuanto me gustabas, pero nunca te lo dije tocándote la cara y viéndote a los ojos; adore tus ojos color miel, tus labios tan lindos y carnosos, ansíe besarlos apenas me alejaba, tu voz grave, fuerte, tan de hombre, y tu sonrisa… cómo olvidar tu sonrisa, tan coqueta y varonil, dibujaba un bello cuadro, difícil no recordarla. La belleza de tu rostro no era la de un modelo quizá, pero tú eras mi modelo y eso, eso jamás lo escucharas ya de mí.

 

 Confío plenamente en tu inteligencia y admiro tu seguridad

Sin duda fui tu mayor fan, y no por conveniencia. Mi admiración hacia ti era real, no eras rico, no tenias un castillo, ni el mejor sueldo quizá, pero vi tu pasión, el empeño y cariño por lo que hacías, ponías corazón y ganas en cada actividad. Te vi librar obstáculos, los cuales afrontaste con entereza y mucha seguridad. Esa seguridad que excitaba mi mente porque sabía, que con esa misma seguridad, inteligencia y empeño, habrías de enfrentar lo nuestro, nuestra historia juntos. Me hacías sentir protegida y orgullosa de ti. Esto tampoco lo sabrás.

 

 Tus manos, son las mejores manos que jamás tocaron mi cuerpo

Me volvía loca en tus manos, añoraba tu contacto apenas salías. Es indescriptible la ansiedad y el estado de excitación que tus manos en mi cuerpo provocaban; incluso el simple hecho de llevarme de la mano por la calle era maravilloso, en el auto, tu mano derecha puesta sobre mi pierna, y a veces, entrelazada con mi mano izquierda entre cada cambio de velocidad, era el preámbulo de locos encuentros de amor. Nunca sabrás, que tus manos eran tu mayor poder sobre mí, porque para mí el tacto, de ti hacia mi, era mi mayor estimulante.

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 Quiero una vida compartida a tu lado

Quizá esto sea lo que más quisiera haberte dicho de frente, mirándote a los ojos y tomándote de ambas manos. Y es que cuando el corazón te asegura con fuerza lo que está sintiendo por una persona, lo que más quieres es ser parte de su vida de forma permanente.

Quisiera haberte dicho que necesitaba de ti, que eras esa persona con quien deseaba amanecer cada día, ir de compras en día de quincena, ver películas en fin de semana sin salir de la cama, bañarnos juntos después del trabajo,  comer un poco de tu plato y hasta pelear porque no aprietas la pasta de dientes desde abajo y por supuesto, darte un beso de buenas noches y dormir para siempre en esa posición preferida.

Me habría encantado ser la madre de tus hijos, librar ésa batalla por el nombre que debían llevar, a qué escuela irían y todo lo demás. Disfrutar de esos viajes donde conoceríamos lugares mágicos, escribiendo aventuras, maravillarnos de lo visto por primera vez… sí, por primera vez… juntos, porque todo, absolutamente todo lo que veríamos y haríamos en la vida, habría sido para nosotros, nuestra primera vez.

Y por último…

Sí, si quiero casarme contigo

Jamás escucharás estas palabras, nunca tendrás ese privilegio, tus oídos no tendrán esa oportunidad y te irás a la tumba sin escucharlas… al menos no de mí,  porque quizá, las oirás de alguien más, pero no se parecerán a las mías;  las mías, eran las más sinceras, profundamente comprometidas y llenas de un inmenso amor. Yo no puedo saber si las que tú escuches vayan a tener estas características, pero si estoy segura de algo, el hombre que merezca oírlas de mí, silenciosamente agradecerá, que tú no hayas querido hacerlo.

Y yo, tal vez ese día comprenda, que esas palabras no pudieron salir de mí y no pude ofrendarlas como tuyas, porque debía decirlas a su debido tiempo, a la persona indicada y en el mejor de los momentos.

 

Por: Laura Calderón