La única culpable soy yo…

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Cuando estamos muy dolidos por una separación solemos culpar a la otra persona por todo lo ocurrido, sin embargo, quien consintió que ocurriera todo, somos nosotros mismos.

Una separación puede ser muy dolorosa y en muchos casos inaceptable, nos rehusamos a reconocer nuestra nueva realidad, por ello a manera de autodefensa comenzamos a culpar de todo lo ocurrido a la otra persona, de lo que hizo o no hizo, de cómo actuó, de cómo nos hizo sentir sin merecerlo, de cómo a pesar de habernos entregado por completo, para la otra parte fue muy fácil mandar todo al diablo, y nos autoconmiseramos, pensando en cuánto sufrimos, pero no nos damos cuenta que los únicos culpables de todo lo que nos pasa en la vida somos nosotros mismos.

Si bien no somos responsables de cómo decidan actuar las demás personas, pero sí de lo que dejamos que nos hagan, desde que aceptamos una relación que no nos satisface al 100 por ciento, y nos conformamos con lo que nos quieran dar, porque nos convencemos de que no hay algo mejor, o es lo único a lo que podemos aspirar, desde ese momento comenzamos a ser los únicos culpables de nuestro propio dolor.

¿Por qué nos conformamos con tan poco? ¿Por qué iniciamos una relación con hombres rotos o incompletos? ¿Por qué compartimos la vida con hombres rehusados que llevan arrastrando su pasado a su presente? ¿Por qué lo permitimos? ¿Acaso no creemos merecer algo mejor o conseguir lo que siempre hemos soñado? ¿Será imposible?

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Si nos hiciéramos estas preguntas antes de comenzar una relación estoy segura que no nos estaríamos lamentando todo el dolor que nos produjo el haber terminado con alguien que desde el inicio sabíamos no era lo que deseábamos para nuestras vidas. Y de eso solo uno mismo es el culpable, nadie más, porque desde ese momento aceptamos ser el trozo faltante de ese hombre que a pesar de los años no ha sabido mantener una relación estable, y nunca lo hará, se nos olvida que un ser humano que lleva toda su vida siendo como hasta ahora jamás cambiará.

Desde el primer día que dejamos que nos alcen la voz, que nos griten por teléfono, que nos den el tiempo que les sobra, que antepongan sus cansancio ante sus deseos de estar con nosotras, desde que dejamos caer la primera lágrima por alguna pelea, desde ese momento estamos aceptando algo que sabemos no merecemos, no porque seamos las mejores mujeres del mundo, sino porque tú misma sabes que siempre te entregas al 100 y no por pedazos.

Que mientras tú le dedicas todo tu tiempo, tu espacio, tu alma, tu cuerpo, tus palabras, él solo te da lo que quiere, lo que según él es lo único que tiene, no más, no piensa esforzarse, ¿por qué? Porque no le interesa, porque siempre ha estado acostumbrado a estar con mujeres que no le representan ningún reto, con mujeres que nunca le exigieron dar más de lo que su corta mente le deja ver, por eso huyen despavoridos al ver que una mujer cansada de recibir poco comienza a pedir que se esfuercen, que se comprometan, por eso se van, no sin antes culparte por todo, y en cierta manera tienen razón…

Porque no tenemos que aceptar una relación con las sobras de un hombre que amó en el pasado, que se entregó, que era romántico, que escribía cartas de amor, que era capaz de pedirle matrimonio a la mujer que amaba, y ahora solo puede dar lo que le queda, porque nunca se repuso del pasado y seguirá atrapado ahí. Sin embargo, lo aceptamos sabiendo inconscientemente que será nuestra sentencia de muerte, y no me refiero a que un hombre debe de ser condenado por su pasado, pues quién no tiene ya varias historias de amor, sino que debe aprender a cerrar los círculos para poder entregarse como la primera vez en su presente.

Sabemos que somos mujeres que nos entregamos por completo, que damos todo a manos llenas, que nos comprometemos, que somos románticas, inteligentes, con sueños, con metas, hermosas, divertidas, que cuando amamos lo hacemos sin reservas, y eso no es cualquier cosa, porque no cualquiera lo puede dar, y por eso merecemos lo mismo, no la mitad, no casi lo mismo, merecemos ser amadas como deseamos. Sin embargo, nosotras mismas nos autosaboteamos eligiendo a hombres desgastados, cansados de la vida, del mismo amor, de sí mismos, y si ellos no han podido cambiar su condición actual, una pareja no lo hará por ellos.

Por eso no hay que culpar a nadie más de nuestro dolor, de nuestro sufrimiento, porque nosotras lo aceptamos sin quejarnos, a pesar de nuestras dudas que las dejamos pasar por alto, a pesar de que todo mundo te dijo no te conviene, no es para ti, mereces algo mejor, tú decidiste quedarte, por serle fiel a un sentimiento que no sabías que iba a ser el peor de tus verdugos…

Porque el amor, a pesar de que todo mundo lo piense, no es sufrimiento, al contrario, debe de ser alegría, felicidad, sonreír a cada momento. No debe de ser llorar, no debe de ser gritar porque no te escuchan, no debe de ser implorar que se queden contigo, no debe de ser convencer al otro para que no te deje, no debe de ser ceder todo por nada, no debe de ser anularte para que la otra persona esté tranquila de que nunca le pedirás lo que no quiere darte.
Y de aceptar un amor a medias, condicionado, desechable, que duele, nosotras somos las únicas culpables.