La última palabra…

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Cinco años mayor que yo, entre sus cualidades estaban un Thunderbird supercargado con quemacocos, rojo deslumbrante, Ingeniero en Computación y un trabajo excelente, un hombre católico, respetuoso y responsable, un buen tipo para poder hacer planes a futuro, tener hijos lindos pues no he mencionado que también era guapo, una casa confortable y teniendo una estabilidad de esas que aburren.

¿Qué chica no se puede enamorar de eso? yo lo hice o al menos eso creí, la cosa es que yo no quería disfrutar de esas banalidades; yo quería ir al chopo los sábados y comprar discos o playeras o cualquier otra cosa que me hiciera demostrar mi identidad, quería ir a la cineteca a ver películas Italianas, quería comer esquites en el parque junto a los lobos que disfrutan estar bajo el agua, quería escuchar a Delgadillo y tener miedo de ti, quería todo eso, menos un carro con quemacocos.

De lunes a viernes todo era risa y diversión, me dijiste que no te importaba que tuviera un compromiso, que tu querías tener un sueño y que estaba en mis manos cumplírtelo o no, al principio creí que era cómodo para ti pues quien gastaba dinero y tiempo para llevarme al cine era otro, tu recibías los abrazos y los besos llenos de ilusión.

Me equivoqué completamente, pues con el paso de los meses también querías llevarme al cine, también querías pasar los fines de semana viendo películas en mi casa y tomar café con mi papá, también querías jugar videojuegos con mi hermano y ser el protagonista de la  historia, me empezó a crear conflictos pues por una parte estaba el sueño de todas y del otro lado el mío.

Las llamadas de él ya eran incomodas, sobre todo cuando estábamos a punto de abrazarnos o darnos un beso, sus visitas a mi casa ya eran molestas pues yo solo estaba pensando en ti, un gran dilema para alguien que adolece de madurez y cabalidad, tenía que tomar una decisión y eso me atormentaba.

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Llegó el día que estaba esperando, el momento en el que me dijiste que era él o tú que era tiempo de elegir, no soportabas la idea de seguir compartiendo, ya no sobrellevabas los fines de semana pensando en que yo estaba riendo con alguien más. Entonces me quede pensando en todo lo que perdería si me quedaba contigo y en todo lo que seguiría ganado si me quedaba con él.

Me desintegró tu mirada triste, tus esperanzas de que te elegiría se desmoronaron ante mi postura y me dijiste: ¡Bueno ya decidiste, suerte!

Finalmente, ya estaba dicha la última palabra y esta era que me quedaba con él, no esperaba que lo comprendieras, solo esperaba que me dejaras de mirar con esos ojos cafecitos y mirada agachada, sólo quería que siguieras sonriendo como diario lo hacías, solo quería que lo olvidaras y me dejaras vivir con mi errores.

Estaba segura que lo que había decidido era lo correcto, él era un hombre con todas las intenciones de hacer las cosas bien, tú llegaste cuando no era un momento idóneo y no era justo que yo lo utilizara los fines de semana y  que nos burláramos de él, era lo correcto eso lo sabía, pero no lo sentía.