La tarde en que platiqué con un corazón herido…

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Hoy me encontré un corazón destrozado en medio de un espejo roto, entre los pedazos que había alrededor traté de acercarme a él para intentar ayudarlo y me di cuenta cómo sangraba, sentí su dolor y mientras lo abrazaba le pregunté ¿qué te ha ocurrido? y con palabras entre cortadas me respondió:

– Se han burlado de mí, me han utilizado y dejado caer, hoy estoy cansado, he confiado y me sé un buen corazón, pero me siento perdido porque nadie entiende mi forma de amar, no sé qué hago mal, me he equivocado y mucho. Pero hace tiempo lo comprendí y desde entonces he sido impecable, no tengo rencor ni odio, no guardo resentimientos, sin embargo hoy me siento muy triste porque nadie me ve, cuanto más honesto soy, más solo me encuentro, ¿por qué?, no lo comprendo.

Hace poco viví una ruptura, se han quedado con una parte mía y aun así puedo amar de forma incondicional y sin medida, no sé hacer otra cosa y me siento estúpido porque es lo único que sé.
No estoy buscando que curen mis heridas, tengo tanto amor que puedo hacerlo solo, tampoco quiero compartir mis tristezas, esas desaparecen cuando dejo correr mis lágrimas, pero hoy en especial me siento desolado y necesito comprender en que me he convertido, debo salirme de la batalla; han llegado personas que por momentos me dan un respiro, una caricia,  me regalan esperanza o prolongan mi muerte ya no sé.

Y justo ahora en plena agonía, curiosamente es cuando más vivo me siento y quiero decirle al corazón que será mi compañero que me hable, lo estoy esperando, que como yo no se avergüence de las cicatrices que pueda tener, juntos podremos desnudar y mostrar con orgullo una a una las heridas que nos trajeron hasta aquí.

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También debes de saber que no voy a buscarte porque un corazón como el mío no busca, es ciego, sólo puede sentir y esperar a que llegues y estoy seguro que con sólo escuchar tu voz sabré que eres tú, aunque no hables de amor, no te preocupes si llegas incompleto entiendo que dejaste en el camino pedazos de ti y seguramente la parte que te falta yo la tengo.

No pretendas mostrarte perfecto porque no lo creeré y no es lo que quiero, deseo un corazón imperfecto pero honesto, partido pero unificado, que tenga un latido suave que complemente el mío, no quiero que me rescates quiero que me acompañes, que me enseñes todo lo que haz aprendido durante estos años, y que no temas porque no te dañaré, no tengo esas intenciones y no sólo contigo, nunca las he tenido con nadie. Debo advertir que estoy cierta en que tienes el mismo temor que yo, a no ser apreciado con todos tus colores y sólo distingan unos cuantos, y al cansarse de ellos te desechen por creer que no tienes más que ofrecer ¡qué pena!.

Corazón mío, yo descubriré tus matices y me embriagaré con ellos, sabré abrazar tus grises y disfrutaré los verdes, rojos y violetas, y en un amanecer cuando charlemos tú y yo, besaré cada una de tus heridas, honraré tus batallas como a las mías, no habrá palabras ni explicaciones, ninguno de los dos las necesita, porque cuando nos hayamos reconocido, todo absolutamente todo ya se habrá dicho.

Sentí una gran pena por aquel corazón incomprendido, quería explicarle que yo lo hacía a la perfección y cuando me incliné para para decirle cuánto sentía su pesar, mi pecho se vio reflejado en uno de los espejos que se encontraban en el piso, con asombro observé un hueco ensangrentado y tuve una abrumadora sorpresa al darme cuenta que aquel corazón que con tanto amor sostenía entre mis brazos…

Era mío.