La película de mi vida…

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Yo vivía afligido, el mundo me parecía lleno de cosas sin sentido, de gente que te hacia competencia y te arrojaba a un lado sino servías.

Me sentía cansado, llevaba la misma rutina desde hacía algún tiempo.

Levantarme al trabajo, comer, hacer algunos deberes en la casa, bañarme y dormir. Y de nuevo otra vez, raras veces salía, pero no me divertía.

Anteriormente no me afectaba mi rutina, me centraba en lo que tenía que hacer, pero llegó el punto en que me cansé.

Mi corazón y mi mente estaban cansados de que las cosas no resultarán.

Dejé de hacer mis actividades normales, me limitaba a tener descansos, pero por alguna razón me seguía sintiéndome cansado.

Las horas se me iban muy rápido, y ya era el comienzo de un nuevo día y tiempo de volver a mis actividades, pero seguía sin hacerlas por esa sensación de cansancio.

Yo dejaba todo para un mañana, pero ¿y si no lo había?

También había dejado muchos sueños sin realizar y muchas metas sin cumplir, de alguna manera esperaba estar bien sin realizar ningún esfuerzo, pero no hay triunfo sin esfuerzo, sólo que a veces lo olvidaba.

No sé en qué punto dejé de emocionarme por las cosas buenas que me podía deparar la vida, de tener fe y de luchar para obtener lo que quería.

No tenía muchos amigos, ni ganas de salir, y precisamente los suplía estando en casa y viendo películas. Quería volver a mi vida de antes y ser feliz como lo había sido y olvidarme de esto que ahora estaba viviendo. Tener el poder de regresar la cinta como en una película y quedarme en el momento feliz que quería.

¿Pero quién dijo que la vida es siempre calma y dicha?

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Una tarde me encontraba viendo una película como ya era habitual, sólo que esta película capturó mi atención de manera especial, sobre todo una parte…

El diálogo que sostenían en esa película, me hizo darme cuenta que habrá ocasiones en que la vida se vuelva difícil, pero que puedes sacar provecho de cualquier situación difícil o crisis que estés viviendo  y que si la usas bien esa situación o crisis puede resultar en aprendizaje.

La película que está viendo en ese momento tenía el nombre de  “El conde de Montecristo”.  Y este era más o menos el dialogo que el protagonista realizaba hacia otro personaje y que me impactó tanto:

La vida es una tormenta joven amigo, disfrutarás la luz del sol un momento y te arrojaran contra las rocas al siguiente. Lo que te vuelve un hombre es lo que haces cuando esa tormenta llega, debes mirar dentro de esa tormenta y gritar como lo hiciste en Roma: “Haz lo que quieras,  porque yo haré lo mío”.

Esta parte del  discurso me hizo darme cuenta que no podía esperar que las condiciones fueran siempre las mejores, que debía asumir retos y obstáculos, pues también de eso forma parte de la vida, y que en lugar de sumirme en el dolor debía aprovechar esas situaciones para mi crecimiento.

Debe de fortalecerte la idea de que las cosas pueden mejorar.

Te parecerá difícil, pero hazte la pregunta: ¿realmente cuanto haces para salir adelante y que tu situación cambie?

¿Puedes decir que te esfuerzas y das lo mejor de ti para que las cosas sean como tú quieres?

Ahí está la clave.

Tienes que levantarte e ir por aquello que quieres,  ser capaz de mejorar tu situación, porque está en tus manos nada más. No te abandones como yo lo hacía porque eso no te servirá para un día estar en  lugar que quieres y viviendo la vida que soñaste.

Yo me di cuenta con el paso del tiempo que no estaba avanzado, que evadir las cosas no me servía de nada porque los problemas solo desaparecen cuando decides hacer algo al respecto para cambiarlos o mejorarlos.

Fue otro día que leí una frase,  no recuerdo muy bien donde,  lo que hizo que terminara de darme cuenta:

“Lo que ahoga a alguien no es caerse al río,  sino mantenerse sumergido en él”.

La frase era de Paulo Coelho. Y tenía mucha razón, si no hacía algo por salir rápido o por cambiar mi situación, terminaría hundiendo más”.

Y no podía quedarme viendo solo mi vida pasar.

¿Cómo iba a saber que va pasar después con una película si la pausaba?

De la misma forma, ¿cómo iba a saber que seguía con mi vida si me detenía y no seguía avanzado…?

Decidí continuar, pero ahora sabiendo que cada día que vivía era una oportunidad para hacer que las cosas que deseara se cumplieran y agradecía por ello,  y que debía disfrutar los momentos felices,  para tener fuerza y valor para enfrentar las situaciones difíciles, que sabía  que en algún momento y de manera inevitable se presentarían como parte de la vida ,  pero esta vez sabiendo de que las dificultades me ayudarían a crecer.

Y ya no volvería a detener mi vida por el miedo porque la vida está en constante movimiento y es bella, y será buena en la medida que te esfuerces para conseguir aquello que quieres.