La historia de una chica que soñaba con volar… Cap. 4

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Traté de dormir un poco, aunque fue casi imposible; quería saber como seguía, tenía que levantarme temprano y ver las noticias para ver si al menos decían su nombre y dónde lo habían llevado. Aunque sintonicé el noticiero desde las 5 de la mañana no apareció ninguna noticia, ni siquiera una breve nota, seguramente mi padre había pagado una fuerte suma de dinero para evitar que nuestro apellido se viera involucrado en algún problema; decepcionada apagué el televisor y me dispuse a bajar a desayunar.

Necesitaba ponerme en movimiento temprano, con mi afán de ser independiente y autosuficiente no había querido tomar ningún auto de mi familia y me movía por la ciudad en transporte publico o bicicleta. Hoy no podría pedirle a algún chofer que me llevara para evitar que fuera informado mi padre de mis movimientos, mientras veía por la ventana vi a Tony esperando a mi padre, salí despistadamente al jardín y me acerqué a Tony y sin preguntarle nada me dijo:
-Ay Golondrina, ya sé a que vienes, no puedo darte mucha información, tu papá me lo prohibió, sólo te puedo decir está en el mejor hospital y atendido por los mejores especialistas, hazle caso a tu padre, olvídalo el chico no te necesita para nada.
Me di media vuelta, sabía que iba a cumplir las órdenes de mi padre de no decirme nada, aunque a veces el cariño que me tenía lo traicionaba y me decía las cosas a medias.

Sabía a dónde dirigirme, en toda la ciudad sólo había un hospital que podía considerarse el mejor, ni siquiera desayuné, ya no pasé por la cocina para evitar ver a mis padres y salí a tomar el transporte público.


Llegué al hospital, no podía preguntar por él porque ni siquiera sabía su nombre, pregunte por Alberto, mi primo, uno de los doctores de especialidades del hospital, me pidieron que esperara un poco y a los 15 minutos me condujeron a su consultorio.


-¡Sabía que vendrías Miry! Dándole un par de besos en la mejilla le pregunté que cómo lo sabía.
-Tu padre vino ayer por la noche a ver a un chico que había caído de su moto y me advirtió que seguramente vendrías a saber de él.
– Y de seguro te prohibió que me dijeras algo… Le pregunte desafiante.
-Claro que no Miry, mi Tío sabe que no acataría sus ordenes que el cariño que te tengo es más grande y que a ti no puedo negarte nada, corrí a abrazarlo.
-Anda pequeña, ve a verlo esta en el cuarto 305, pero está dormido, no lo molestes, esta sedado.


Le agradecí la información y me dirigí al tercer piso, no sabía porqué lo hacía, pero mi corazón brincaba de contento…