«La casa de soledad»

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En una de tantas charlas con mis amigas, alguna mencionó «La casa de soledad»; en automático todas cambiaron la expresión de su rostro, unas palidecieron y otras mostraron total indiferencia, no alcanzaba a comprender a qué se referían hasta que una explicó: «La casa de soledad es un lugar al que jamás querrás ir, es terrible, no hay absolutamente nada más que tú, no hay ni siquiera a quién preguntarle por dónde es la salida, una vez que llegas harás cualquier cosa por salir de ahí, como sea y al precio que sea».

Decía también que entre más te tardes en salir es peor, porque empiezan a salir demonios y no los puedes controlar, aparecen por todos lados y cada vez son más grandes, tienen colores indescriptibles y hacen sonidos que aterran; empecé a entrar en pánico porque no quería llegar por error a ese lugar. Una de ellas comentó que a ella la llevaron a la fuerza y casi enloquece ahí dentro.

Una a una contaba su dolorosa experiencia en «La casa de soledad» y lo que hicieron por salir lo más rápidamente posible de ahí, algunas  buscaron dos turnos de trabajo, otras se involucraron sentimentalmente con alguien que (acá entre nos) ya no aguantan, otras están de fiesta en fiesta, y las demás siguen atrapadas ahí dentro, con un profundo pánico esperando ser rescatadas por alguien más.

Me cuestionaron sorprendidas por qué yo no decía nada al respecto, les expliqué que es casa era un lugar conocido por mí, de hecho la primera vez que fui sentí lo mismo, pero no hice nada por salir, estaba tan débil que no tuve opción y pedí una habitación con 4 camas matrimoniales…

Si me iba a quedar, sabe Dios cuánto tiempo, pues que también los monstruos estuvieran cómodos ¿no?, así que no tuve más remedio que convivir un buen tiempo con ellos, desayunábamos, comíamos y cenábamos juntos. Al inicio fue difícil, muy difícil, pero poco a poco nos fuimos llevando mejor, al grado de bromear y reírnos… De repente alguien llegaba para sacarme de tan «espantoso» lugar y no acepté, recorrí la casa completa y encontré la salida, pero no me fui, me quedé un tiempo más y se ha convertido en una casa de descanso para mi alma, mis ideas, mi centro y mi amor propio.

Hoy entro y salgo cuando quiero, hasta tengo llave y puedo invitar a quien me plazca, la última vez fui con mis complejos y me quedé un par de días hasta que nos llevamos mejor.
Para mí, «La casa de soledad» es el lugar más reconfortante que existe, y no pasa nada si vas o te llevan…

Sólo te quedas quieto y atento hasta que encuentres por ti mismo la salida.