La carta jamás enviada…

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No sé por dónde empezar o cómo hacer para armarme de valor y juntar las fuerzas necesarias  para esto que tengo que decir, esto que cada día que pasa oprime más mi pecho y destroza mi corazón… Ya no funcionamos, esa es la verdad y es que después de tanto que hemos pasado, tantos triunfos, tantos fracasos, tantas noches; y es que es tanto lo que sabes de mí, que aún no logro comprender cómo es posible que sigas lastimándome.

Después de todo creo que nunca te he importado. Ya no me siento con fuerzas para seguir y es que yo no tendría porqué rogar tu atención, tu amor, tu cariño; yo no tendría porqué luchar sola por esta relación, ni tendría porqué dejar que me sigas rompiendo. Una y mil veces me callé y aguanté todo con tal de mantenernos juntos, hoy me doy cuenta que hice mal, si yo te hubiese importado un poco, tú también te hubieses preocupado porque yo estuviera bien, de eso se trata una relación; de buscar el bien común, de mantenernos unidos y fuertes… Yo no tenía porqué andar por ahí con el corazón hecho añicos.

Después de 3 años te conozco perfecto, no hay cosa que no sepa de ti… No había cosa buena o mala que yo no aceptara de ti. Quizá desde un principio yo forcé las cosas, porque al final del día yo nunca fui tu mujer ideal… Al parecer todo esto era algo pasajero y yo con mi estúpida terquedad de hacer que te quedarás, de creer que me amabas. Triste es darse cuenta que nunca fui yo, y que nunca seré tu «mujer especial». «tu compañera»…

Pero también es triste reconocer que no eres más el hombre de mi vida, el hombre con el que planifiqué una vida, que no fuiste más que una simple ilusión creada por mi afán de sentir amor, de sentirme «amada». Hoy, hace 1 año de tu partida me he dado cuenta que valgo mucho, a pesar de que aún no logro superarte, de superar tu amor de liquidación, hoy sé que si hay alguien allá afuera que puede sentir amor por mí, que yo también inspiro amor, que allá afuera debe existir  quien me puede ver como «la mujer de su vida»…

Hoy puedo decir con certeza, que nací para ser amada y aceptada por lo que soy, pero para lograr esto debo empezar por amarme a mí misma, amar el paquete que represento, amar a mis demonios y a mis ángeles por igual…

Una mujer no debería dejar que un hombre determine su valor, porque nuestro valor lo determinamos nosotras mismas; para amar a alguien debemos empezar por amarnos a nosotras mismas…