Hasta nunca…

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Hoy escribo esto para despedirme de ti. Sí, de ti. De aquel que se fue de un día para otro tras tanto vivido, tras tanto dado, tras tanto… Tanto.

Por fin lo asumí: tú ya no estás en mi vida, no estás aquí hoy, ni jamás volverás a estarlo. Tú y sólo tú, has decidido irte y ahora yo decido que no volverás. Dicen que quien se va sin ser echado, vuelve sin ser llamado, pero ¿sabes qué? Quien decide irse es porque cree que no eres suficiente como para estar a su lado, y una persona que piense así, que no vea en su pareja (o ex pareja) una serie de valores por las que merece la pena arriesgarse e intentarlo… Tampoco merece volver, y si lo hace, no merece la pena re-abrirle las puertas.

Tú me dijiste que no podías más, que lo nuestro acabó. Hoy, al fin, comprendí eso. Lo logré. Y ahora que lo he hecho pienso seguir hacia delante, sin ti, sin nadie, conmigo misma. Mi camino, mi recorrido, mi vida… Y sin ti.

Ahora tengo la fuerza y el valor suficiente como para escribir esto, que va dedicado únicamente a ti, para cerrar este capítulo de una vez por todas y de una manera definitiva, para siempre. Te doy las gracias por haber estado conmigo, porque fue bonito, lo fue realmente y vivimos mucho juntos… Asimismo, te doy las gracias por haberte ido, por ya no estar conmigo y por no volver a estarlo jamás, porque se ha ido de mi vida alguien que no me merecía, porque valgo mucho, ¿sabes? y al irte has dejado el camino libre para que alguien que si me valore y me merezca, venga a por mí, porque vendrá alguien ¿lo sabes?

Siempre he creído en los finales felices (lo nuestro no es un final, es sólo el cierre de un capítulo de mi vida, de todos esos capítulos que la forman) y mi vida tendrá un final feliz, con alguien digno de compartir conmigo ese final. Te lo agradezco, de verdad, te agradezco que hayas añadido a mi vida un aprendizaje, una nueva oportunidad, una vieja experiencia, otra historia más.

Hasta nunca… Porque el pasado nunca vuelve y tú ahora eres parte de mi pasado.