Fuiste y serás… Una experiencia inolvidable

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Constantemente en nuestras vidas y a medida vamos creciendo, debemos interactuar y compartir experiencias con una gran cantidad de personas, hay que aquellas que conocemos rápidamente y de un momento a otro dejamos de ver y/o mantenemos un contacto esporádico y otras con las cuales compartimos sin querer y dejan huellas imborrables en nuestra experiencia y por sobretodo en nuestro corazón.

Con estas personas y casi sin darnos cuenta, comenzamos a experimentar hermosas vivencias; de un momento a otro las vemos convertidas en los mejores amigos o en un perfecto compañero de vida, sujetos con los cuales se van cultivando grandes sentimientos, pasamos de un “me gusta hablar contigo” a un “te extraño” un “Te quiero” o un “Te necesito” incluso quizás un “Te amo”; pareciera que cada día, cada detalle, es una razón más para sonreír y agradecer su compañía.

Una de las experiencias más bellas de nuestra estadía por esta vida es sentirse acompañado, saber que para alguien estas presente cuando se levanta, lo que se manifiesta con un mensaje de buenos días, que te mencione en sus proyectos, que poco a poco comiences a formar parte de lo que él denomina su familia, pasar de un tú y yo a un nosotros…

Transcurridos estos episodios hay situaciones y circunstancias por las que lamentablemente todo se destruye y paulatinamente aquello que prometimos cuidar y proteger de todo y de todos se va desmoronando; Casi sin darnos cuenta nos vemos sentados uno al lado del otro, pero ya ninguno de los dos se hace compañía, es estar a tu lado y sentirme solo.

Es justamente en ese momento en el que asumimos entre lágrimas e interrogantes, que ya todo acabó… Que por más que digamos dejemos pasar el tiempo, ya nada volverá a ser lo mismo, el daño en este momento, es irreversible. Ahí decides levantarte y alejarte, entendiendo que alguien a quién quisiste o amaste… Sólo le puedes desear felicidad.

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Con el tiempo, ya alejados y distanciados comenzamos a comprender lentamente el porqué ocurren las cosas, muchas veces caen lágrimas de nuestros ojos porque incesantemente un recuerdo se nos pasa por la cabeza, una fecha especial, un gesto, un momento, un mensaje… Es justamente ahí cuando la nostalgia se apodera de nosotros y tristemente comenzamos a buscar compañía, estar al lado de aquellos que prometieron no abandonarte nunca, es entonces cuando con todos los que hablas te dicen, tranquilidad, es el tiempo el que dará las respuestas, debes olvidar aquellos que se ha convertido en pasado, debes permitir que el futuro te traiga nuevas oportunidades, pero debes poner de tu parte, en definitiva, tienes que dejar de recordar…

Es entonces cuando me pregunto, cómo es posible olvidar a quién te hizo feliz un día, aquel que estaba cuando todos desaparecían, aquel que te permitía sonreír y ser mejor persona, el encargado de iluminar tu existencia por completo y que además realizó mil promesas que con el pasar del tiempo sólo quedaron en bellas palabras ahora sin sentido…

Transcurridos los meses pude darme cuenta que la gente estaba muy equivocada, no se trata de olvidar, se trata de sanar y lograr que el recuerdo no haga daño, será justamente en ese momento, cuando la cicatriz deje de sangrar, entonces podrás abrir los ojos y comenzar la búsqueda de un nuevo horizonte…

Sin olvidar que toda cicatriz tiene su historia…