Fuiste marea en mi interior

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Y es que… ¿Te has puesto a pensar en todo lo que dejamos pendiente?, ¿has pensado tal vez en las promesas en el aire, en los viajes, en  las listas de cosas por hacer? ¿De verdad no recuerdas aquellos días en los que planeábamos nuestra vida juntos?

En realidad hay momentos en los que yo los recuerdo, y recuerdo cada uno de los planes, recuerdo nuestros sueños y nuestras escaleras, recuerdo nuestros pasos juntos y sobre todo, te recuerdo al amanecer, con la carita empapada de sueño, te recuerdo porque es lo único que puedo hacer…

En recuerdos se pasan mis días últimamente, en sólo simples y absurdos recuerdos, en ésos que me hielan aún por dentro, en esos que aún me dan algo de calor; a pesar del tiempo aún están ahí tus recuerdos y sin embargo, podré decir que ya no te pienso como antes, que mi manera de verte ha cambiado, que mis días grises se han teñido de un color distinto, que empiezo a ver la vida de colores y ya no gris.

Te diría también que fuiste marea en mi interior, porque a pesar de los bellos momentos que pasamos, también pasamos malos, la interacción de estos recuerdos, la interacción de éstos en mi mente, me dejaron desbordada, desordenada y sobre todo, alejada de mí misma; dejaste un caos cuando te fuiste, dejaste una rueda girando y sin control, dejaste este pedazo de cerebro recordándote día y noche…

Pero ahora, hoy te he soñado, y lucías diferente, parecías estar cansado y parecías tenerme en cuenta aún, parecía que esa tranquilidad que tenías al dejarme había desaparecido y tus ojos me veían pidiéndome a gritos que regresáramos de nuevo, pidiéndome a gritos aquello que había esperado todo este tiempo.

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Pero qué estupidez, después de dejarme tirada en el piso, junto a tus zapatos viejos, después de dejarme como a un perro callejero, después de dejarme sola en el anden, después de dejarme esperando, después de irte… Después de eso, ¿se te ocurre regresar?

Me pregunto entonces: ¿Tú qué eres? ¿Te crees con el poder de manejar mis sentimientos aún?
Pero tranquilo querido amor, tranquilo que no eres más que pedazos de ropa sucia en el ropero, no eres más que platos desechables, ahora no eres más que eso para mí.

Me pregunto también si tienes el poder de manejar mis sentimientos, me lo pregunto porque aún hoy, no he podido comprenderte y no he hecho más que pensar que lo que sucedió; fue un sueño verte tocando la puerta de mi casa para pedirme perdón. Tú estabas ahí de pie, con las manos frías, estabas frente a mí, llorando y suplicándome que regresáramos… Pero sólo fue un sueño.


Porque fuiste marea en mi interior, lo admito, pero ahora ya no.