Fui esclavo de mi propia armadura…

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Entonces llega el día en el que reconoces que has sido un narcisista jamás antes visto, te das cuenta que buscas protegerte de los sentimientos, de las emociones, del dolor y del sufrimiento. Buscas protegerte de ti mismo, principias por no escuchar, no sentir, por no expresar; descubres que no te reconoces a ti mismo, reconoces que habían personas que te amaban, que tenían altas expectativas en ti y que los decepcionaste como te has decepcionado a ti.

Reconoces el dolor que les causaste, reconoces que destrozas sueños que tenían para ti, comienzas a observar que el tiempo ha pasado y te volviste esclavo de la soberbia, te volviste esclavo del egoísmo, te volviste prisionero del no saber escuchar, te proteges inútilmente del amor, de ser lastimado, de llorar; te olvidas de lo importante que es decir te amo, de lo importante que es decir no te vayas, de lo crucial que es abrazar; sin embargo es demasiado tarde, la gente ha cambiado, se ha transformado en el dolor que le causaste y que ahora te toca vivir, te toca sentir, descubres que el único que se atacó, se mintió y se lastimó, fuiste tú.

Te lastimas a ti mismo en el momento en el que te encierras en una realidad llena de ignorancia, de soberbia y de cero cariño hacia ti mismo, descubres que quieres remendar todo, pero es muy tarde; el pasado se ha construido y no hay nada que lo haga cambiar. Es entonces cuando te percatas que has sido tu propio esclavo, que has sido el pendejo más grande de la historia, ¿y por qué lo eres?, porque actuaste como un imbécil que sólo se protegió de una fantasía, de algo que jamás existió y entonces te preguntas: ¿Quién soy?

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La respuesta te la dará el tiempo, cuando vivas todo el dolor que causaste, cuando te sientas solo como lo hiciste sentir algunas personas; lo descubrirás cuando te perdones, cuando aprendas a escuchar, cuando demuestres incondicionalmente esos sentimientos sin miedo alguno, cuando valores a las personas de tu alrededor, cuando dejes la soberbia y seas humilde, cuando dejes de sentir con la cabeza y pienses más con el corazón, cuando descubras que la vida pasa y no vuelve.

Quizá ha llegado el momento de aprender a llorar, de aprender de la soledad, ¿cuál es el motivo? Prepararte para valorarte y al mismo tiempo valorar una brisa de aire, un par de gotas de lluvia, prepararte para mirar a las personas a los ojos y decirles desde lo más entrañable del corazón: te comprendo. Ahora entiendo todo el dolor que viviste, todo el sometimiento que te causé llevándote a olvidarte a ti mismo, hoy tienes que llorar y oxidar esa puta armadura que te has puesto durante tantos años, que sólo te ha hecho más daño que cualquier otra cosa en el mundo.

Si tú tienes una armadura, es momento de quitártela, abrirte al mundo tal y como eres, sin miedo, sin temores…