Estar entre lo que nos gusta, pero nos hace daño…

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Llega ese punto en la vida donde como joven o no tan joven, las cosas que has hecho te empiezan a pesar. Pero ¡qué cosas de jóvenes! ¿No?… ¡La juventud lo es todo!… Así dicen: ¡Qué etapa!
Pero bueno…

Como ser humano, siempre estamos en constantes cambios, cambios de todo tipo, aprendemos hacer nuevas cosas, vemos nuevas cosas y sobre todo, siempre conocemos a más personas, en la calle, en el trabajo, en algún club, en la escuela y también ¿por qué no?, vamos conociendo un poco más a esas personas de las cuales pensábamos ya conocíamos todo de ellos, pero ahí descubres que no, porque te das cuenta cuantos misterios puede contener cada individuo; pero una cosa es verdad, hay personas que marcan nuestras vidas para bien o para mal pero lo hacen, esas personas que van desde amigos amigas o esa persona que fue un poco más que amigo, pero no tanto para ser tu novio.

Fue ahí cuando te estacionaste entre lo que quieres y no quieres, entre lo que te gusta y te lastima, pero decidiste quedarte ahí a experimentar; creer que no pasaría nada, que estabas consciente de tus decisiones, que sólo era algo que se estaba dando, sin embargo, al mismo tiempo tampoco sabías qué era, dijiste: «Vamos», con miedos, dudas, pero con unas buenas risas. Decidiste empezar a formar parte de la vida de esa persona, de esa persona que era mayor que tú, que se encontraba volando en tu medio, esa persona que te dejaba con la boca abierta al escucharlo porque te parecía interesante, el sólo hecho de escucharlo te hacía sentir segura, protegida, pero también pasaba ese ligero pensamiento sobre tu cabeza que te decía: ¿Qué haces aquí?

Sin embargo, era más la emoción de conocer alguien que mostraba cierto interés hacia ti y que tenía otras ideas, nuevas perspectivas de la vida, a comparación a la otra persona con la que llevabas años en una relación de noviazgo y aunque sabías que no es bueno comparar, realmente tantas cosas pasaban por tu mente, por lo que mientras tú sentías que esa persona que conociste tenía los pies bien puestos sobre la tierra, tú ya los ibas perdiendo.

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Por lo que experimentar ese primer beso, fue lo que detonó sentimientos cruzados, anudados, raros, inexplicables, todo explotó… Ese beso que dio paso a que su poder sobre ti creciera, que a partir de ahí comenzaste a conocer y a vivir la adrenalina en tu propio cuerpo… Entrando a un juego donde poco a poco fuiste olvidando las reglas del mismo, porque ese tipo de relaciones, no son para entenderse mucho, sólo son para disfrutar los pequeños detalles que se presenten entre ambos, detalles que a veces resultaron confusos, ya que unos días te sentías tan parte de la vida de esa persona y otras veces sus actos te hacían recordar, te gritaban a grandes voces que sólo estaban de paso en esta larga o corta vida de ambos, pero que para bien o para mal, coincidieron en esta etapa de la vida…

Donde tú eras una alumna universitaria de escasos veinte años de edad, con una relación de noviazgo de más de seis años y él un profesional de veintisiete años, soltero, laborando en el mismo centro de trabajo donde tú estudiabas.