Eres un turista en mi corazón

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Apareces y desapareces. Eres y no estás.

Al principio te culpaba, hoy me culpo a mí, hoy todo es por mí. Soy yo quien te deja ir sin aviso ni reproches y soy yo quien deja que vuelvas como si nada hubiera pasado. Soy yo la que crea excusas en su cabeza, miles de ellas “buenas” para no culparte por algo que hiciste, para no llorar por saber que tú eres quien hiere mi corazón y no sólo cada vez que te vas, cada vez que regresas, una parte de mí ya está esperando el día en que vuelvas a desaparecer y entonces… Como de costumbre, te vuelvo a esperar.

Pareces turista en mi vida, llegas y te vas.

Y no, no quiero eso, no quiero un día y dos no; una semana sí y un mes no; no quiero que seas un fantasma de lo que queda de ti, un fantasma que poco a poco se va. Ya está de más pedir cosas imposibles, al menos desearía que hicieras algo completo, algo honesto; te quedas o te vas, no hay más, no hay términos medios, no quiero gris, quiero blanco o negro, no hay opciones y no es tan difícil como parece. ¿Me quieres? ¿Me amas? ¿Me necesitas? Sabes exactamente la respuesta, sabes exactamente que tu lugar no es aquí, no conmigo y claro, duele, pero duele más saber que te vas sin motivos y vuelves porque simplemente necesitas de mí.

Qué terco, qué egoísta, qué inmaduro. No quiero un niño que necesita de mi ayuda cuando no puede más, cuando se le acaban las ideas, cuando la gente le da la espalda, porque claro, sabes que vuelves y estaré con los brazos abiertos, preguntando: ¿Por qué tardaste tanto? 

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Pero no, el juego, la historia, se acabó. Hoy renuncio a todo lo que me unía a ti, a todos esos recuerdos, todas esas memorias, la rutina y tus juegos que simplemente me aburrieron. Te quiero, te quise demasiado, tanto como para esperarte cada vez, pero decidí y acepté que me quiero más a mí y nadie vale más la pena que yo misma.

Gracias por lo que me diste, por los momentos felices, pero sobre todo:

Por lo paciente que me hiciste y definitivamente por enseñarme lo que no es el amor.