Era eso lo que hacía del sueño, algo especial

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Era la dificultad de cumplir un sueño lo que lo convertía en algo especial. Eran los obstáculos del recorrido lo que hacían de la meta una tentación, una ilusión y finalmente un premio: el premio de tu vida. Esa merecida recompensa que tanto costó obtener.

Era esa línea de dificultades la que distinguía entre quienes de verdad deseaban algo y quienes lo usaban por pasatiempo. Entre los que se merecían de verdad ese premio o recompensa final y los que no.

Si de verdad se quiere algo, sea lo que sea, para conseguirlo hay que ser paciente, luchador, constante, valiente, firme. Hay que tener iniciativa, ganas, ilusión. Pero sobre todo, hay que creer en uno mismo. 

Autosuperación, confianza, fuerza. Yo, al día de hoy, no creo más que en mí. En mí y en el tiempo (el paso del tiempo) como factor, ayuda para llegar a eso que deseo.

Yo no creo en los límites. Yo únicamente veo en ellos un carácter temporal: si hoy no puedo, dentro de un tiempo podré. Sin obsesiones, disfrutando el camino. Si las circunstancias te imponen una pausa, un cambio de ritmo… Recuerda qué es lo que realmente deseas…

 Porque si lo tienes claro lo vas a conseguir, sean cuales sean esas circunstancias que en el recorrido te acompañen.