¿En qué momento dejas de sentir?

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Hace unos días surgió esta duda dentro de mí: ¿En qué momento dejas de sentir?

¿Cuándo dejas de sentir amor, odio, rencor, alegría, miedo, angustia?, ¿en qué instante dejas de sentir algo por algo o por alguien?, ¿cómo sucede el dejar de sentir algo que en su momento era todo? y ahora es nada o quizás más fuerte…

Dejas de sentir amor cuando dejas de conquistar, cuando dejas de construir con tu pareja, deja de latir el corazón cuando dejas de soñar, cuando deja de ser emocionante su presencia,  cuando olvidas los detalles que te enamoraron al principio, cuando ya no existe la misma intensidad en sus besos y la misma pasión en sus caricias.

Dejas de sentir ese todo cuando las miradas pierden el brillo y las sonrisas se convierten silencios profundos que ya no ofrecen nada.

Dejas de sentir odio cuando decides perdonar, cuando decides olvidar, cuando decides no sentir NADA porque odiar a alguien es sentir demasiado por esa persona.

Dejas de sentir dolor cuando dejas de pensar en el daño y comienzas a trabajar en reconstruirte, cuando dejas de tocar las heridas y cicatrices que alguien ocasionó y empiezas a valorar las lágrimas derramadas.

Dejas de sentir coraje cuando aprendes a decir lo que sientes, lo que piensas, lo que quieres, cuando mejoras tu argumento y con toda libertad dices lo que realmente te molesta, cuando aprendes a expresar lo que llevas dentro antes de que te asfixie.

Dejas de sentir angustia o preocupación cuando comienzas a ver el lado bueno de todo lo que tienes alrededor, cuando puedes disfrutar cada paso que das y esos detalles que ignoraste por mucho tiempo comienzan a tomar la importancia que deben tener; sólo entonces dejas de sentir que la vida pasa rápido sin dejarte nada.

Dejas de sentir miedo cuando crees, cuando sueñas, cuando te atreves, cuando no importa qué diga el mundo, defiendes lo que quieres y luchas por ello.

Dejas de sentir emociones buenas o malas, amor u odio, tristeza o alegría, enojo o coraje, dejas de sentir cuando dejas de vivir la vida que tienes hoy. Dejas de sentir cuando dejas de vivir en el pasado y comienzas a vivir el AQUÍ Y AHORA.

Dejas de sentir cuando mueres por dentro aun estando vivo y puedes sentir más profundamente cuando regresas a los detalles que te provocan una sonrisa en el alma.