¿En dónde está el secreto de decir adiós?

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Entonces el reloj se detiene, te preguntas: ¿Dónde estoy?… Y como si el viento pudiera hablar, te susurra al oído: Te disfrazas de mí, deja de pensar y tómate un momento para sentir un poco más.

Apareces en ese lugar que aunque muy sencillo, los momentos lo convirtieron en un santuario divino y como gota de agua ardiente, una lágrima recorre aquella mejilla que era un deleite.

Recuerdas que el dolor siempre ha vivido en ti, sólo que la armadura te protegía como un padre protege a su hijo, te sientes conflictivo pues el dilema está entre quedarte o marcharte, la mente ruge y quiere irse, el corazón vacío solloza y dice debes esperarte.

Estás de pie mirando aquel puente del dolor, percibes que cruzarle no es tan malo, quizá de aquel lado te puedes volver humano, te quedas aturdido por qué decisión tomar y te vuelves a cuestionar: ¿Cuál es el secreto del adiós? Así que el silencio te responde: La respuesta la llevas en ti mismo. Y como si un vidrio se rompiera en mil pedazos, te transportas en aquellos momentos increíbles que para ti son sólo eso…

¡Momentos!

Regresas al santuario divino y mientras te miras al espejo observas que ése de ahí ya no eres tú, observas que el reloj jamás se detuvo, fuiste tú el que esperó y no aceptó lo evidente, fuiste tú el que se ilusionó y no caminó, el que pensó y no sintió…

El que masticó las mentiras más sabias, atrapado en un misterio de querer dejar de olvidar, sin parar de recordar.