El único remedio para la muerte… es la vida

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Recuerdo cuando asistí a los funerales de mi abuelo hace algunos años:

La tristeza y el llanto de mi abuela, de sus hijos, sus nietos, sus amigos, incluso la tristeza y el llanto de algunos niños que no convivieron con él, pero que tal vez en su inocencia entendían lo difícil que es para los vivos despedirse de alguien a través de la muerte.

Y acuñé una frase que me quedó muy grabada:

«Que triste es la muerte, que hasta los niños la lloran»

Pero han pasado algunos años y he visto tan de cerca la muerte de tantos familiares, amigos, conocidos, sobre todo cuando tuve que aceptar la muerte de mi madre, que por su enfermedad murió muy joven cuando tal vez yo no estaba preparado para perderla y tuve que intentar entender a la muerte desde otro punto de vista, con otras ideas, obligándome a sentirla con otro sentir.

Y ahora pienso que no, que la muerte no es triste, lo que a veces es triste es no poder aceptar que nuestra vida debe seguir a pesar de la muerte. Triste es no poder asimilar que nosotros nos quedamos y ellos se fueron, triste y doloroso es desprenderse de alguien a quien amas y te ama, a quien cuidas y te cuida, en quien te refugias y se refugia en ti, a quien necesitas y te necesita.

Y cuando no estás preparado para ello, cuando no alcanzas a dimensionar la realidad, lo que duele es la vida. Hasta que lo entiendes, lo aceptas y poco a poco va cediendo el dolor y empieza a llegar la resignación.

Por eso ahora cuando escucho que alguien dice: «en esta vida todo tiene solución, menos la muerte», pienso que el remedio para la muerte, es la vida.

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Así es, el remedio para la muerte es la vida:

Una persona que sabe vivir y aprovechar y llenar su tiempo de ventura está, anticipadamente, combatiendo a la muerte.

Porque la muerte no es dejar de respirar o moverte, la muerte es no llenar tu vida de inspiración, de sueños, de logros y de afectos.

Porque tus obras pueden darte vida más allá de la muerte, porque tus actos pueden prevalecer en el tiempo aún más allá de tu tiempo.

Por eso hay que vivir con dignidad y provecho, para que la muerte no sea el final, que sea un capitulo precedente apenas a tu trascender en la posteridad.

Que la medida de tu vida no sean los años.

¿O acaso la creatividad, la sensibilidad, el ingenio y la inteligencia del ser humano puede contenerse o ceñirse a un límite?

Vive y sacia tus deseos y aspiraciones sin que el vicio atropelle tu conciencia.

Aprende de tus errores y fracasos para construir cada día un nuevo yo más humano y menos ignorante.

Porque así como perdemos a los que amamos, algún día, irremediablemente, los que nos aman nos perderán a nosotros y lo único, lo único que podemos dejarles es nuestro recuerdo y nuestro ejemplo.

Que la historia de tu vida sea capaz de vencer a tu muerte.

 

Lic. Marco A. González J.