El sacrificio que nos volvió humanos

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Nuevamente me encuentro aquí, reconozco las paredes viejas con el tapiz de cadenas rasgado y el polvo invade mis pulmones logrando que respire con gran dificultad. La cama sobre la que estoy es vieja, el colchón esta tan desgastado que puedo sentir los resortes apuñalar mi piel, queriendo abrirse paso y enredarse en mis vertebras. El suelo que ahora mis pies pisan es tan polvoriento y frío, los pasillos están desolados, ni un grito, ni un alma; A penas y escucho mis pisadas, de no ser así creería que ni yo estoy aquí.

Creo recordar a niños correr, saltar y jugar por los pasillos, tan despreocupados viviendo en aquello que sus mentes creaba como el lugar más hermoso de todos. Qué años aquellos en los que vivían protegidos aquí del mundo que allá afuera les juzgaba sin miramientos.

Las puertas a mis lados permanecen cerradas y yo temo abrirlas; avanzo por cada pasillo y diviso el salón de juegos, donde un vaso se conectaba a otro por medio de un hilo que ahora ya hace desgastado, un avión de papel maltratado que apenas logra mantener cada parte de el en su lugar; y esos dibujos que adornan las paredes de formas curiosas, partes anormales en cuerpos humanos, partes que no deberían estar presentes, partes que los aislaron de manera injusta de llevar una vida “normal” obligándoles a ocultarse del mundo.

El paisaje es tan desolador como siempre y yo tengo cada día más sed y hambre. Debo controlarme o acabaré con lo poco que me queda, después de todo a este lugar ni los animales se acercan. Observo las nubes grises de gas toxico, son aburridas se ven siempre iguales pero es el oxígeno que mi cuerpo toma. Tres botas son las que calzo para evitar mojar mis pies con los vidrios rotos que los edificios han dejado.

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Estiro nuevamente el cartel como todos los días, ¡Es mi preferido! La mujer que sostiene a ese pequeño parece como si lo amara; me hace recordar como ellos desconocían que era el amor más en los libros que les leían antes de llevarse a alguno de ellos, mencionaban que era el amor, y que por amor a ellos es que cada noche uno debía irse para ser arreglado. Así fue como poco a poco aquellos más de 50 niños fueron desapareciendo.

Recuerdo este corte en la cerca, fue causado por 10 valientes niños que deseaban conocer lo que había más allá, es una lástima que lo único que volviera de ellos fueran sus partes desmembradas, al menos ahora he de admitir que si eso no hubiera pasado ni siquiera yo seguiría aquí. Tal vez esta vez encuentre algo nuevo en el avión… Sólo basura que no sirve, la mayoría de las cosas aquí han sido estropeadas por las lluvias verdes; fue el último avión que vino a dejar algo a este desolado lugar, las lluvias verdes alejaron la ayuda que era dada y cada niño comenzó a tener más y más hambre.

Ya no puedo más tengo mucha hambre, creo que tendré que tomar otro. Esta vez ya sólo usaré dos botas, es un desperdicio pero ya parezco más “normal”. Nunca pedimos ser lo que somos, nos amamos entre nosotros pero el hambre nos llevó a sacrificarnos uno a uno por el otro, ahora que lo pienso nosotros a pesar de nuestras deformidades siempre fuimos más humanos y normales que aquellos que viven fuera de la cerca, esta será mi última comida.

Lo he cumplido me he sacrificado como todos ustedes mis amigos, ahora ya soy merecedor de poder cerrar la puerta de mi habitación y verlos en ese sueño sin fin.