El lado crudo de ser franco en la vida

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“Si tú intención es describir la verdad, hazlo con sencillez… y la elegancia, déjasela al sastre”

-Albert Eistein

Si algo he padecido a lo largo de mi vida, sin duda, es recibir toda serie de comentarios acerca de la manera en como expreso mis pensamientos y los convierto en crudas palabras. Palabras que van sin filtro y sin condescendencia. No sé por qué la mayoría de las personas se limitan al hablar, tratando de suavizar lo que en realidad piensan; olvidan que es imposible complacer al oído de todos, ya que lo que para unos es bueno, para muchos otros no lo es.

Y resulta que a mí me parece completamente deshonesto no ser congruente en la vida con tres aspectos: lo que piensas, lo que dices y lo que haces. Cuando conjugas éstas tres características, automáticamente haces de ti, la mejor de tus versiones.

Es una absoluta contradicción cuando las personas piden sinceridad y franqueza; que les digas las cosas de frente y sin tapujos y cuando abres la boca y sin más, das vida con voz a tus pensamientos, los lastimas y te tachan de insolente. Entonces te conviertes en un ser al que prefieren mantener sólo de espectador en su vida, ocultándote detalles y procurando no provocar tus comentarios francos, porque lo que tienes para decir, no es lo que desean escuchar.

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El mundo, sin duda, sería otro si las personas fuéramos todas más francas. Si entendiéramos que quizá la franqueza es dura solo a veces, bueno, quizá en la mayoría de las veces, pero es absolutamente necesaria. Sin embargo, la ventaja sería que viviríamos en una realidad, más que en una serie de ilusiones sin sentido que nos envuelven y creamos, a partir de palabras disfrazadas o teñidas en colores pastel a las que estamos más que acostumbrados, porque a la sociedad no le apetecen las palabras en tonos grises, esos tonos no son bienvenidos en las relaciones humanas.

Yo por mi parte, no nací para venir a complacer al mundo, mucho menos para ser un títere o pilmama de nadie, esto incluye: mis padres, amigos, pareja, jefes y toda esa serie de personajes con los que vienen acompañados mis días. No, yo vine a este mundo a ser yo, a usar mi criterio propio, mi libre albedrío, ser autentica; vine a defender mis pensamientos y creencias, pero sobre todo vine a vivir, siendo fiel a mí misma.

Cuando te descubres siendo transparente, el pecho se te hincha de orgullo; todos deberíamos de experimentar esa sensación, creo de hecho que, en la educación básica debería existir “ser franco” como materia imprescindible, más aún que las matemáticas y el español. En verdad creo que eso daría una visión muy distinta al mundo.

Pero… volviendo a la realidad, tendré que vivir hasta el último de mis días, siendo ese “patito feo”. Esa persona incomoda a la cual no deben “provocar” porque despertarán ese ser feroz y mordaz que llevo en mí y que dirá lo que piensa sin el mínimo de condescendencia. Seré la “mala” del cuento, la hija “difícil”, la amiga “directa”, la novia “de cuidado” y sin duda, la mujer “con carácter”. Pero de algo pueden estar todos seguros, rara vez los defraudaré, porque recuerden… ser franco es sin duda, ser fiel a uno mismo; así que si eres fiel a ti mismo, lo serás con el mundo.

Por: Laura Calderón