El infierno de la pasión…

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PRIMERA PARTE.

Cuando sonó el teléfono, corrí a contestarlo, pero grande fue mi sorpresa cuando escuche la voz que quien me estaba llamando. No podía creer que fuera esa voz tan gruesa e  imponente que siempre me impuso en la vida, era el hombre al que amé un día más que a nadie en el mundo, no sé cómo pude exclamar apenas unas cuantas palabras.

En ese preciso instante, la dulce voz de mi pequeña hija se escuchó a lo lejos, intente tapar la bocina pero fue demasiado tarde, mi amigo alcanzo a escuchar el grito, cuando volví a levantar el teléfono, ya había colgado. Durante un buen rato me quedé escuchando el aturdidor sonido del teléfono colgado, después de unos minutos reaccioné cuando ya escurrían por mis mejillas unas cuantas lagrimas, corrí desesperada con rumbo al ático.

El ático es mi cuarto especial, el único lugar en donde puedo ser yo misma, de vez en cuando me refugio en él para escribir una que otra ilusa y cursi historia de amor o algún poema, si estoy triste o enojada me escondo en mi nido personal para llorar o gritar.

Además es el mejor cofre de recuerdos que podría haber deseado, ahí pude conservar cada uno de mis más preciados tesoros que esperaba mi marido nunca encontrara pero de los cuales no tuve el valor de deshacerme.

Cuando llegue a mi guarida me puse a llorar angustiosamente, no sabía qué hacer ni cómo reaccionar, sólo tenía en el pecho un nudo estremecedor que apenas me permitía respirar, no sé exactamente cuánto tiempo pase llorando, fue como si me hubiera quedado dormida con los ojos abiertos, cuando pude al fin serenarme, me levante para llevarles la cena a mis pequeños y a mi esposo, al hacerlo, tropecé con una caja cubierta de polvo, quise abrirla, pero sabía perfectamente de que se trataba, conocía mejor que nadie su contenido, preferí evitar abrirla, de ese modo  continúe mi camino sin voltear atrás. Cuando llegó Guillermo a la casa, me encontró con los ojos envueltos en unas ojeras y tan hinchados que casi no podía distinguir su cara.

Durante la cena permanecí estática, fugada de la realidad, en mis oídos retumbaban las palabras del que fuera…cuando pensaba en aquello me sentía como la más vil de todas las mujeres, infiel al hombre que me recibió en su hogar, me acogió en sus brazos y me protegió a pesar de…

Cuando terminamos de cenar, acosté a mi pequeña Victoria, ella es una niña de 8 años tan dulce y tierna como ninguna podría serlo, es la princesa de mi marido, la quiere y la consiente demasiado, es la alegría de la casa, siempre anda por los pasillos corriendo y gritando, sorprendentemente me recuerda a mi cuando tenía su edad.

En cambio el travieso León, es ya un joven, tiene 15 años, él es el hijo de mis entrañas, lo más querido para mí, pero está en la etapa de la adolescencia, etapa en la que quisiera comerse el mundo a mordiscos sin darse cuenta que aún le queda mucha vida por delante, me encantaría poder hacerlo entrar en razón, evitarle los dolores que provocan las terribles caídas de una mala decisión, pero ni a su padre le hace caso.

Esa noche no estaba en casa, nuevamente se había ido de fiesta como ya tenía dos meses que lo hacía, su actitud me preocupaba sobremanera, sin embargo, me acosté junto a Guillermo, me abrazó delicadamente y de pronto comenzó a besarme, nos envolvimos en ese beso lleno de pasión y ternura, nos abrazamos, pero entre besos se apareció ante mis ojos la imagen de aquel, no pude evitarlo, por más esfuerzos que hice su rostro sonriéndome, no se borró, dije que tenía un fuerte dolor de cabeza para evitar que continuará besándome y me hice la dormida sin conciliar el sueño durante toda la noche.

No imaginé que a partir de esa noche no volvería a haber paz en mi alma por un largo tiempo, por mi mente sólo pasaban una infinidad de recuerdos tortuosos, recordé cuando todo empezó… Con una llamada justamente como hoy.

Mi amiga Isela me habló por teléfono para platicar, durante nuestra charla de pronto salió que yo deseaba conocer a alguien para entretenerme un poco, mi amiga me habló de dos chicos, uno de ellos tan maravilloso como increíble.

Al escuchar a Isela hablándome cosas tan hermosas de su amigo Leonardo por un momento pensé que me encantaría poder conocerlo, quizá podría estar ahí la felicidad con la que siempre soñé, pero me dio miedo, estaba tan enojada con los hombres, con la vida misma que no pensaba en otra cosa más que en la venganza, aunque muy en el fondo de mi corazón seguía siendo la misma niña con el alma de pollo, no podía dañar a un buen hombre y por eso no quise que me presentará a Leonardo.

Sin embargo, el destino quiso que nos conociéramos, una tarde mientras estaba platicando con unos amigos por internet, llegó a mi correo una solicitud de amistad, la acepté sin investigar mucho a quién le pertenecía.

Después de una larga conversación, escribimos algo juntos, fue lo más hermoso, y sin quererlo desde ese momento, algo dentro de mí me decía que mi vida cambiaría para no volver a ser la misma nunca más.

Así fue, pasaron unas dos semanas en las que él me hablo diariamente, claro que como era de suponerse la ansiedad por conocernos fue aumentando al grado en el que un día decidimos citarnos en el deportivo que se encontraba cerca del lugar donde él vivía.

El sonido del despertador me levantó de mis absortos pensamientos, pasé la noche entera en vela recordando cómo empezó aquella historia de la cual pasé muchos años fingiendo que la había olvidado, que difícil era que el pasado volviera a mi vida.

Miré el hermoso rostro de mi esposo, él no desconocía la vergonzosa historia de mi pasado, sabia a perfección todos mis más grandes secretos y los dos teníamos uno en común, cuando pensé en el secreto que por tantos años nos habíamos reservado, me dolió en el alma pensar que ese secreto saliera a la luz y causará un desajuste en mi vida, fueron tantos años de dolor, de sufrimientos, de desesperanza, no me parecía justo que ahora que empezaba a vivir como una mujer normal, ahora que tenía la vida con la que siempre soñé, ahora que empezaba a ser feliz, el pasado regresaba para perturbarme nuevamente.