El infierno de la pasión…

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PARTE III. FELICIDAD COMPLETA.

De pronto me di cuenta que el tiempo había pasado, mire el reloj para ver que poco faltaba antes de que mis hijos llegaran a casa, además ese día mi esposo saldría temprano de trabajar, debía preparar la comida, así que como ya era mi vieja costumbre,  encendí la radio para que la música hiciera su trabajo en mis oídos. Siempre que hacia algún quehacer y necesitaba apresurarme, el sólo escuchar música hacía que mis manos se movieran a gran velocidad, siempre desde que lo conocí…

En la semana en la que Leonardo y yo nos hicimos novios, ambos nos encontrábamos de vacaciones, por lo tanto nuestro tiempo era únicamente para nosotros dos, por segunda vez nos citamos en un parque precioso, sería el segundo día en que nos veríamos. Ese parque lo escogí yo porque era mi lugar favorito, siempre me ha fascinado estar al aire libre, me encanta rodearme de árboles, respirar aire fresco y recostarme en el pasto bajo la sombra del árbol más grande e imponente.

Cuando llegue al parque, Leonardo ya estaba ahí, lo mire dulcemente, él traía una rosa en su mano, que mágico fue para mí aquel primer detalle, más aún cuando supe que había jurado no darle flores nunca más a una mujer, pero a mí me la había dado, aún recuerdo cuando nos recostamos en el pasto y nos besamos, recuerdo la rosa acariciando mi rostro, mis manos, mis piernas, era impresionante, desde un principio existió entre nosotros dos una pasión incontrolable.

No recuerdo exactamente porqué comenzamos a charlar del pasado que mi amiga Isela le había contado de mí, mi gran secreto, uno de los muchos que no pueden ser contados, entonces supe que mi amiga y su mejor amigo llamado Armando, eran novios. Él confeso que se estaba enamorando como un loco de mí, mientras paseaba la rosa por mi rostro y acercaba sus labios a los míos, sin besarme.

Me pidió que lo dejará ayudarme a cargar conmigo mis penas y tristezas, yo me sentí avergonzada, pero no le importo mi pasado. Era tan curioso pensar en la seguridad de sus ojos, en esa firmeza que  me daba paz, una tranquilidad que hacía mucho tiempo no podía sentir, mi pasado era tan atroz, había tomado malas decisiones, era joven y no sabía cómo manejar mi vida, pero él provocaba en mi sensaciones de madurez, me sentía segura  y protegida entre sus brazos, sentía que no quería dejarlo nunca.

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Los días transcurrieron velozmente, nos vimos muchas veces, nos extrañábamos, era cariñoso, dulce y detallista, me hablaba todos los días y parecía que nada podía separarnos, así fue como me enamoré, ya no lo quería, ahora lo amaba profundamente, mi corazón no paraba de latir, canciones que una y otra vez nos dedicamos, nada sería mejor, era la mujer más feliz del mundo, la felicidad perfecta había llegado a mi vida. Cada vez que nos veíamos, nos besábamos, platicábamos de muchas cosas por mucho tiempo, sus caricias me hacían estremecer, era símbolo único de la pasión que desbordaba dentro de nosotros.

Con mi manía de escribir, por primera vez le escribí una carta con todo mi amor… El día en que le entregué aquella carta me hizo muy feliz darme cuenta que en realidad nuestros cuerpos se complementaban el uno con el otro, nunca pude explicarme esa magia envolvente que puede llegar a ser la pasión, sería un lazo casi irrompible entre nosotros, pero al mismo tiempo se convertiría en la razón más grande de nuestra aberración a continuar juntos, casi matándonos pero siempre juntos.

Así con el paso de los días, pronto llegaría San Valentín, los preparativos para festejar tan significativa fecha, no se dejaron esperar ni un poco siquiera, en aquella semana el estómago me estremecía sólo de pensarlo, le hice un cartel con corazones pintado con gis pastel, quería que todo saliera lo más perfecto posible, nada nos podría fallar. También una gelatina y una tarjeta en inglés formaron parte de tan esplendido regalo, mi amigo Armando, Leonardo, Isela y yo tendríamos una cita para convivir en casa de mi amigo, fui por Isela y cuando llegamos al lugar comenzamos a ver películas, todo fue tan maravilloso, ellos salieron a comprar algo para comer mientras que nosotras nos quedamos en su casa platicando.

Cuando llegaron, comíamos y reíamos de una manera sorprendente, la relación permitía una fusión perfecta de cuatro amigos que eran capaces de disfrutar algo tan simple como una gelatina desecha, fueron esos los mejores días de mi vida. Cuando terminamos de comer, las ansias estaban en mi estómago sin permitirme pensar en nada, así que despacito me acerque a mi amor para recordarle lo que habíamos hablado días antes.

Me abrazó por la espalda  y nos fuimos al cuarto de Armando, prendió la televisión con el sonido muy bajito y luego el silencio penetró mi interior, no sabíamos ni qué decir, sólo nos miramos fijamente, me reflejaba en sus ojos, esos oscuros ojos que me estremecían. Nos sentamos en la cama, nos miramos, su fuerte respiración se agitó al compás de la mía, no hay palabras que expliquen las múltiples sensaciones que en ese momento me provocó.

Sentados en la cama, me tomó de las manos, se acercó dulcemente a mis labios, los rozó, jugueteó con ellos y me besó, me besó intensamente, paseaba su boca por la mía, su lengua acariciaba mis labios, comenzó a pasar su mano sobre mi espalda de arriba hacia abajo, luego comenzó a desabrochar lo botones de mi blusa mientras, yo le quité la camisa; nos besamos una y otra vez, ahí estaban nuestros cuerpos desnudos el uno frente al otro, no nos mirábamos como tal, sólo nos tocábamos, sólo nos besábamos con los ojos cerrados, porque nos estábamos entregando al amor… Pero en ese momento llego la mamá de Armando, nos vestimos pronto y salimos de nuevo a la sala.