El infierno de la pasión…

0

PARTE II. EL INICIO DE UN GRAN AMOR.

Mi esposo se fue temprano a trabajar y yo me quedé sola en casa, quisiera poder hacer algo que impida que los recuerdos lleguen nuevamente a mi mente. La situación me tiene preocupada, pero ahora que lo pienso, no entiendo cómo puede ser posible que Leonardo tenga mi número de teléfono si apenas hace unos cuantos meses volví junto con mi familia a mi lugar natal.

Durante casi 15 años estuve en otro estado, lejos de los recuerdos, únicamente mi amigo Armando conocía el lugar de mi paradero, él también era amigo de Leonardo, todo está claro para mí. Comprendo que seguramente fue él quien le dio mi número de teléfono, sólo me pregunto ¿él por qué hizo tal cosa después de conocer las razones de mi huida del pueblo? que es mejor no sepan su nombre.

Llamé a Armando para pedirle que me explicará lo que había sucedido. Nuestra conversación fue larga, no es que me moleste sino que me da miedo pensar que venga a verme a casa  o me reclame, tantos años me oculte para evitar una tragedia cómo para que ahora sin más ni más regrese el pasado a atormentarme con una realidad que ya había bloqueado de mi vida.

Al reclamarle, él me dijo que siempre habíamos hablado con la verdad y que yo me mentía a mi misma porque en realidad nunca he amado a mi marido, y tenía razón…siempre lo quise pero más que amor, me unía a él un enorme agradecimiento. Me enojé e injurie en en contra de Armando.

Se acabo la conversación, pero al colgar yo corrí nuevamente a llorar en mi ático, que ironía la mía, siempre he sido una persona que se esconde en vez de enfrentarse a las cosas, pero Armando tenía toda la razón, yo no quería enfrentarme a la realidad de decir que verdaderamente Leonardo siempre fue el amor de mi vida. Me quede sentada en el suelo, pensando, llorando, sollozando, y recordando, nuevamente recordando como habían ocurrido las cosas.

Durante una semana entera hablamos por teléfono todos los días, ese hombre desconocido y yo, pero el momento había llegado, nos citamos en el deportivo que estaba cerca de su casa, queríamos vernos, no pude dormir de la angustia hasta que llego ese martes tan esperado, un martes en enero invernal, lo recuerdo como si fuera ayer.

Ese día le lleve un regalo, era un dibujo de un corazón flechado, que yo misma le hice, tome un taxi para llegar pronto porque ya se me había hecho tarde, al llegar me asome por la entrada central, no lo vi y pensé que tal vez se le había olvidado, que no vendría, espere unos cuantos minutos hasta que decidí entrar.

Me senté en el segundo nivel de las gradas que estaban a los laterales de la cancha de basquetbol, espere otros minutos ya desilusionada por la espera, justo cuando me iba a marchar de ahí; frente a mí me apareció un hombre robusto, alto, de tez morena, con el cabello ligeramente largo peinado por la mitad, sus ojos eran oscuros, profundos, tan penetrantes que me hacían sentir un nervisiosismo que hacía mucho no podía sentir.

Desde el momento en que lo vi algo cambio en mí, ya no era la misma mujer, aunque tan sólo tenía 16 años, sentí que ya nada podría ser igual, No puedo negar que sus ojos y sus labios carnosos fueron el mayor delirio que pude experimentar.

Nos vimos, nos hablamos, nos besamos, qué mágico fue aquel encuentro.

-Hola, ¿eres Jade, verdad?-dijo titubeando

-Yo soy, hola Leonardo, mira te traje un regalo-le mostré el dibujo enrollado con un moño negro que me había dicho era su color favorito.

-Gracias, ¿nos sentamos?-recibió el regalo como un niño chiquito emocionado por un premio que nunca antes le habían dado.

De repente unas señoras se atravesaron en nuestro camino, él quería hablar a solas conmigo, me había dicho que era yo como un ángel en su vida, con esos labios alucinantes. Así fue que nos pasamos al otro lado de la cancha.

Se quedó callado, me miró tiernamente, yo me sentía nerviosa, las piernas me temblaban y el corazón no paraba de latir; me tomo por los brazos y mirándonos de frente.

-Ahora sí, hagamos bien las cosas…-un silencio aterrante nos embargo-¿quieres ser mi novia?

-Sí-apenas pude pronunciar esa palabra, fueron los momentos más hermosos de toda mi existencia, no pude escuchar nada mejor.

-¡Ya te puedo besar!-dijo ansioso, casi desesperado, con sus labios rosando los míos.

Nos envolvimos en un beso tierno, eterno, era lento, suave, sus labios partidos rosando los míos sin separarse, su lengua acariciando la mía, la magia de un beso amoroso, duró algunos minutos para mirarnos después, me sentí apenada, pero Leonardo ya era mi novio, no podía pedirle nada más a la vida.

En ese momento, sentada en el suelo, recordaba ese beso entre lágrimas, no volví a sentir estrellas en un beso de azúcar, recordé su aliento, su aroma a canela, sus labios partidos, su voz varonil, sus brazos rodeando mi cintura; especialmente sus ojos mirándome con esa profundidad y al tiempo con una tristeza que aún no comprendía.