El héroe que siempre tendré…

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Un libro en tus manos fue lo que siempre vi cuando era pequeña, eras y sigues siendo esa rara especie de hombre que no tiene vicios excepto por la lectura. Ese hombre que yo presumía por las calles y que celaba inmensamente ante otras mujeres, incluso con mamá.

Recuerdo que cuando era tan sólo una niña de tres años me leías y contabas montones de historias de las que yo quería ser participe, hasta que tuve edad suficiente para leerlas y luego contártelas yo a ti. Espero que no hayas olvidado títulos como «Ringo, el mapache ladrón», «El halcón de las nieves», «La carta en la billetera» o «La princesa del Nilo» .

Cómo olvidar que me llevaste al hermoso mundo de la literatura y que gracias a ti, hoy pude encontrar un pasatiempo del que podré subsistir.  Y que además,  hago con muchísima pasión.

Puede ser que hoy en día tenga más personajes que pestañas en los ojos y que cada uno de ellos, a su manera,  sean una especie de héroe que quiere salvar al mundo, pero todos ellos comprendieron lo que significa ser un héroe gracias a ti.
Cada vez que estoy en problemas tú eres una solución, nunca te rindes.

Agradezco el día que me diste un valioso consejo. Caminábamos por la calle y nos acercamos a un puesto de comida, un señor de edad avanzada lo atendía y le preguntaste de forma familiar: «¿Cómo está?». Entonces, sin ningún prejuicio comenzaste una platica amena.  Por como reían y simpatizaban creí que lo conocías. Al final, pregunté si el señor y tú eran amigos y simplemente respondiste «No, pero las personas siempre tienen una historia que contar».

Me has dado consejos que llevaré por el resto de mi vida y hoy, día del padre, no me queda más que felicitarte por el ejemplo de vida y de paternidad que eres.  Te amo papá.