El fin de nuestro drama…

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Y ahora lo veo… ¡lo veo tan claro! no era solo yo la que hacia que esa relación no funcionara, no, no solo era yo, también eras tú. Y no es que te culpe, no lo hago, no te reprocho nada y tampoco te tengo rencor… simplemente ahora veo que no eras esa persona que me motivaba a ser mejor, no eras la persona que me corregía, perdonaba mis errores y quería que aprendiera de ellos; al contrario, tu hacías que los recordara día a día y los guardara en mi memoria de una manera en que diariamente me culpara por ello.

No eras la persona que apreciaba la pasión que yo tenía a las cosas que amaba, pareciera que tenías envidia a todo lo que hacía. Envidia del tiempo, esfuerzo, dedicación y amor que gastaba en todo ello. Otra de las cosas por las que no pudimos mantener nuestra relación, era por la falta de confianza que me tenías, y acepto que yo provoqué de alguna manera esa desconfianza, más no fue todo culpa  mía y mucho menos tenía la intención de que nos dañara.

No aceptabas mis defectos como yo aceptaba los tuyos; yo aceptaba tus errores, aceptaba  saber que no eres una persona perfecta. No debiste juzgarme con mano dura, no debiste dejar de conquistarme, no debiste dejar que el rencor te corrompiera el corazón y aún así aferrarte a mí, cuando claramente ya no me amabas… y eso me lastimaba, el estar conmigo y odiarme tanto, el querer herirme cuando te enfadabas conmigo, el reprochar tanto mi actitud, mis pasiones, mis hábitos, el amar tanto a personas a quienes tenía mucha gratitud, mis defectos, mis gestos y por ultimo y no menos importante, el no respetar mi manera de pensar, de expresarme, de SENTIR.

Creías y suponías que eras el dueño del manejo de mis sentimientos. Si yo sentía algo… estaba equivocada, porque tú sabías que yo  «sentía lo contrario» y por esos sentimientos inexistentes en mi, de nuevo  yo tenía la culpa. No soy una santa, pero tampoco la peor pecadora, y sí, me equivoque varias veces, pero hay algo que te diré y sé que nunca aceptarás: tú mismo causaste todo el daño que te hice.

No es que quiera cambiar los papeles, pero tú me moldeaste así, me transformaste. ¿Por qué?,  porque yo buscaba liberarme de ti, buscaba alejarme lo más que fuera posible, buscaba eliminar mis sentimientos por ti, porque estaba tan dañada por todo lo que me juzgabas, que me perdí, así es, me perdí. No sabía dónde había quedado mi personalidad, mis ideales, mis sentimientos y mi corazón hecho polvo. Con el tiempo dejé de esforzarme, dejé de sentir esa pasión que había cuando recién iniciamos, esa alegría, esas ganas inmensas de expresarte todo mi amor.

Sin darme cuenta empecé a querer remplazar ese vacío que me hacías sentir, con compañía pasajera. Pero eso no me ayudó a olvidarte, no hizo que se llenara ese vacío, al contrario, lo hizo más profundo. Tus múltiples  acusaciones y humillaciones me hicieron tratar de olvidarte, caí tan bajo… anduve por los suelos. No sabia donde había perdido mi autoestima, ¿en qué momento?, y sé que de todo esto que escribo ahora, tendré la culpa y seré la que este mal; es muy probable que de todo esto tú me digas el doble de cosas que te harán ver como la víctima frente a nuestros amigos mutuos, como siempre lo hacías ver, con exageraciones y omitiendo tus acciones de desprecio y humillación hacia mi… que hasta la fecha hiciste, sin darte cuenta de lo que me causaste.

Como siempre, yo seré la mala del cuento, pero ahora… ahora, doy gracias a Dios por haberme hecho aprender tanto de ti, por pasar contigo toda mi adolescencia y hacerme madurar. Por hacerme ver qué es lo que quiero y no quiero en una relación. Por haberte puesto en mi camino y hacer que me enamorara tan apasionadamente de ti, de nosotros … y no me arrepiento, y sí, fue un infierno. Fue un infierno que duró años, del cual me enamoré perdidamente.

Me da gusto saber que estás iniciando una nueva relación con otra persona. Espero te llene así como no sucedió conmigo, porque nunca fui suficiente para ti, siempre cambiabas mi manera de ser. Siempre pedías más y más de mi. Espero que ella sea alguien que esté a tu altura y «madurez», y te ame tanto como yo lo hice, con tanta locura y pasión.

Les deseo lo mejor en su relación, pues siempre querré lo mejor para ti. Esto es para mi ex pareja y ex mejor amigo, con quien viví la mejor etapa de mi vida hasta hoy, de quien me enamoré perdidamente y sabiendo que jamás me entregaré de la misma manera a alguien más.

Fuimos unos niños aprendiendo a amar, que maduraron juntos gracias a los golpes que se daban el uno al otro. Aquí sigue la niña de la que te enamoraste hace algunos años, con la que escuchabas rock y cantabas en el carro camino a ver los atardeceres. Con la que jugabas voleibol y te escribió un millón de cartas porque no sabia como expresar tanto amor. La que se volvió loca por ti, la que escribió 1000 y un pensamientos  y gastó sus canciones preferidas pensando en ti… y ahora no puede escucharlas sin recordarte. La que hacía manualidades llenas de corazones.  Aquí sigue esa niña, y yo se que allá sigue ese niño…  solo que nuestro destino ya no fue seguir juntos, como lo pensábamos ingenuamente, hasta el altar.

Ya no siguió la historia, ya no hay mas capítulos en nuestro libro. Ya concluimos en esta vida. Te deseo lo mejor, de todo corazón. Quiero que seas muy feliz, incluso estando yo fuera de tu vida…

Y yo… Yo siempre te amaré; no de una forma aferrada a ti, y sin abstenerme de volver a hacer mi vida con alguien más. Te amo  por el tiempo vivido, sin morirme si no estas y alegrándome por tu felicidad con quien sea que estés… Dios te bendiga.

»Puede que a veces llegue tarde,  pero siempre… siempre llegaré contigo» Dijiste alguna vez cuando me amabas.