El día que tomaste mi mano…

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Aquel  día que tomaste mi mano, todo cambió para mí. Lo habías hecho antes, pero levemente, apenas un roce. Ese día fue diferente, pasa el tiempo y aún lo recuerdo como de los más hermosos y mágicos de mi vida.

Todo había comenzado casi dos años atrás, yo comenzaba la universidad y tú estabas a sólo un año y medio de graduarte. Probablemente de no ser por mi participación en el mismo taller de fotografía que tú, nunca nos hubiéramos conocido. Pero siempre he creído que el llegar tarde a aquel evento (gracias a mi costumbre de tardarme horas arreglándome), hizo aquel encuentro posible, hizo que naciera nuestra mágica conexión.

Aquella mágica conexión se disfrazaba de amistad, algunas veces parecía algo más. Tú y yo siempre fuimos algo más que amigos, pero algo menos que amantes.

Tuvimos algunos días interesantes, sobretodo tuvimos muchas charlas que cualquier persona envidiaría, eran una joya aquellas conversaciones. Pero nada como el día que tomaste mi mano.

Era un 30 de agosto, el caluroso verano no daba señales de irse desapareciendo aunque fuera un poco, acordamos de vernos en el cine: veríamos una película de terror porque yo estaba altamente interesada en verla. Nunca antes habíamos salido de esa manera, de hecho jamás habíamos salido lo que se dice “salir”.

Me faltarían palabras para resumir el entusiasmo que sentía por todo aquello, antes lo consideré completamente imposible, pero ese día sentía que cualquier cosa entre tú y yo podría pasar, que esto era el primer paso; con suerte, para algo grandioso, y sí fue un paso pero no exactamente para algo grandioso.

Te esperé durante un rato en un cómodo sillón rojo dentro del cine mientras leía un libro en mi celular (él cual por cierto nunca terminé), mi padre me había dejado ahí más temprano de lo normal, por lo que esperarte se me hizo una eternidad.

Cuando al final llegaste traté de ocultar el entusiasmo  y nerviosismo en todo mi ser por estar ahí, contigo, pero tal vez el que te hablará sobre la bolsa nueva que llevaba delato una parte de todas esas emociones.

Como habíamos acordado entramos a ver la película de terror, compramos muchísima comida para la función pero comimos muy poca de ella, puesto que al primer susto que me dio la película tú dejaste toda la comida a un lado para abrazarme.

Pareja-tomada-de-la-mano

Después de eso perdí interés en casi todo, excepto en tus brazos.

Nos terminamos la comida fuera de la función, no íbamos a desperdiciar tanto aunque no tuviéramos mucha hambre. Luego nos fuimos con rumbo a mi casa.

En cuanto subimos al transporte público y encontramos lugares me abrazaste por la cintura. Y entonces cuando te aferraste a mi regazo y yo acaricié tu cabello, me pregunté por qué te quería de aquella forma que aún no logro entender.

Durante todo el transcurso no hablamos, cada quien estaba encerrado en sus pensamientos, la noche comenzaba a caer sobre la ciudad, así como mi día contigo comenzaba a terminarse.

Afortunadamente me volví a la realidad justo a tiempo para bajar del autobús, no supe en qué momento exactamente, ni quien le tomó la mano a quién, sólo sé que de pronto íbamos tomados de la mano, sin decir palabra, sin mirarnos siquiera pero unidos como nunca más lo volvimos a estar.

“Nunca voy a olvidar que me tomó la mano” José Emilio Pacheco (Las batallas en el desierto)

Conforme nos acercábamos a mi casa y nuestras manos seguían entrelazadas; yo sabía que algo entre nosotros estaba cambiando y ya jamás volveríamos a ser los mismos, ya fuera para bien o para mal.

Al llegar a mi casa aún era temprano, tú parecía que no querías irte y yo menos quería que lo hicieras. Soltamos nuestras manos, conversamos como siempre lo habíamos hecho, volviste a abrazarme y hacerme sentir que todo era posible entre nosotros e incluso por instante casi rozamos nuestros labios. Entonces te marchaste.

Durante algunos días guardé una esperanza de volver a tener un día como aquel, pero no sucedió. Porque fue de esas cosas mágicas e inolvidables que pasan en la vida, de esas que son imposibles de repetirse porque son únicas.

Todo cambió a partir de ahí, nuestra amistad fue en decaída, mis sentimientos crecían sin sentido y tú comenzabas a enamorarte de alguien más como nunca lo estuviste, ni lo estarías de mí.

Te alejaste, yo quise evitarlo pero no pude, me mentiste para no lastimarme, yo sabía la verdad, te evite por todos los medios, regresé a buscarte, vi como eras feliz con alguien más, sentí rabia, confusión y dolor. 

Sin embargo, luego todo aquello se fue, tú eras feliz y yo lo único que quería era también serlo.  

Pasó el tiempo, la distancia entre nosotros se hizo más marcada, conseguí ser feliz sola o acompañada, me enamoré de verdad.

Entendí que nosotros nunca hubiéramos tenido futuro como amantes, tal vez ni como amigos del todo, simplemente nuestros caminos se habían cruzado de una hermosa e inolvidable manera, pero sólo éramos parte del camino no el destino.