El día que decidí alejarme y ser feliz sin ti

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Todavía recuerdo aquella noche de Diciembre disfrutando de nuestro último día. 

Aquella noche que por decisión de ambos decidíamos dejarnos de lado sin ningún rencor, cuando con un último suspiro acariciamos nuestros labios. Nada de eso fue algo que yo quisiera… Es sólo que me cansé de ti. Me cansé de tu mal humor y tu falta de humildad, de ti y de tu arrogancia. De esa necesidad tan tuya de estar por encima de la gente, me cansé. 

Sabes, creo que nunca me constó que fuera feliz… No sé si quiera si lo intentaste, todavía estamos a tiempo de rescatar esto tan maravilloso que conservo guardado dentro de mí… Espero algún día poder dejar de esperar por imposibles… Porque torpemente esperé por ti mucho tiempo en silencio, alejada y al mismo tiempo sobre ti.

Quizá sólo así te des cuenta de todo lo que soy, de lo que tengo para dar… Quizá en ese momento en el que te des cuenta sea muy tarde y ya no te necesite a mi lado. Quizá no fui suficientemente buena, pero te aseguro que nadie podría amarte como hasta el día de hoy lo hice… ¿O acaso fue ese mi error? Haberte dado todo de mí a manos llenas, con los ojos cerrados y sin dudar de ti. Me duele que hayas dejado que todo lo que te di se fuera tan fácil, de manera tan fugaz, me duele. Si decidí esto fue porque no quiero hacerme daño al ver como alguien más que no soy yo te hace feliz…

Tarde entendí que las batallas son de dos.

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Yo no quiero estar en un lugar donde no me quieran, donde no me necesiten ni se alegren de mi presencia, no voy a aferrarme a mi sueño adolescente de una familia contigo. Me doy cuenta que el único amor que necesito es el mío, ese amor propio que recién conocí. Ese amor que después de tanta humillación hacia mi persona decidió aparecer, que me hizo darme cuenta que nadie vale más que mis sentimientos y que yo. Aprendí a quererme con mi larga lista de defectos y virtudes, entonces fue cuando me di cuenta que el problema no era yo en la relación.

A pesar de todo lo vivido con usted, no me queda más que desearle la mejor de las suertes y mil gracias por mostrarme su lado más malo; de no haber sido así seguiría con usted y su juego. Ese juego en el cual no pienso caer, pues creo que ya me hizo lo suficientemente fuerte para seguir mi vida, así, sin usted.

«El amor nunca se pierde. Aunque no sea recíproco, volverá para purificar y hacer tierno su corazón».