El amor te puede curar, pero también te puede matar

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Tras haber leído un capítulo de los diálogos de Platón, sobre el amor escribiré; que es más que sólo dicha y felicidad; es un arma de dos filos que te puede curar, pero te puede matar.

El amor, lleva a recorrer diversos senderos en esta aventura que llamamos vida. Podemos conducirnos por el sendero de la felicidad, desviándonos hacia la locura, pero ¿Qué es eso a lo que llamamos locura? La locura, es la manera desmedida en la que se entrega lo que somos “… a morir por otros están decididos únicamente los amantes”. Es dichoso aquel que tiene un amante de cuerpo virtuoso, pero lo es más, aquel que tiene un amante de alma noble.

Eros, en la antigua Grecia era el dios del amor,  hijo de Poros (La abundancia) y de Penia (La pobreza). El amor tiene dos caras que lo conforman en uno solo.  Su contraparte, el odio, es lo que nos lleva a complicarlo; puesto que siempre ha buscado la extinción del amor. “Toda acción no es bella ni fea; pero puede convertirse en tal, mediante la manera como se hace”. Reír y llorar, sufrir y gozar; por amor todo se puede soportar.

¿Qué sucede cuando caemos en la rutina, cuando la monotonía aparece? El amor se extingue, es verdad. Pero,“es mejor amar a la vista de todo el mundo, que amar en secreto”. Así que, convirtámonos  en amantes constantes, de arenas cambiantes;  por el deseo nos dejamos guiar, el físico es lo que carnalmente nos conjuntará, pero el alma, el alma es lo que realmente debemos amar, porque el alma trasciende y el cuerpo no.

Con un nudo en la garganta y mucho llanto terminamos después de haber amado; ese día se convierte en el día más largo de la vida, llega un momento en el que no se pude sentir más dolor y las lágrimas ya no brotan de los ojos, entonces una sensación de coraje invade la mente, la sangre hierve. Terminas por odiar al amor, lo odias demasiado, como jamás habías odiado algo. Oh Dios mío, cuánto odias al amor, el corazón duele, pero la ira es más grande que el dolor, es irónico cómo se podía pasar de una noche a otra, del amor al odio. “… todo amor no es bello, ni laudable, si no es honesto”.

Lo maldices, maldices al amor, maldices su presencia  y maldices la hora en la que apareció en tu vida. Llegas a odiar cada instante, odias toda la felicidad que pudiste experimentar, por más tonto que suene, odias odiarlo.

Y terminas aquí cortando hilos, desatando ataduras, rompiendo cadenas y abriendo candados, terminando historias, desechando la promesa de un para siempre por la borda. Convirtiendo canciones deprimentes de desamor en algo personal, restando lo sumado, convirtiendo sueños color de rosa en noches llenas de oscuridad, retirando un corazón de su lugar; dejando un hueco vacío, provocando una exfoliación de recuerdos que habitan en tu interior.

En cualquier situación, amar es recibir heridas, curarnos nosotros mismos y aprender a suturarlas con nuestras propias manos. Amar es temer, amar es soñar, es perder, es pegar una y mil veces un corazón roto, hasta que ya no haga falta; amar, es apreciar una buena compañía, pero también dejarla ir; amar, es luchar contra todo y todos, siempre y cuando eso sea para ser mejores.
El amor es esto, es la suma de momentos, de experiencias, de personas, y la resta de los mismos. Es la reparación constante de los inevitables daños “… es bueno conceder sus amores a quien nos ama”.

Tranquilos, todos tenemos ese amor que ha jugado con nuestro cariño, pero  que nos ha hecho más fuertes y nos ha hecho crecer emocional y mentalmente.

No importa cuántas veces te rompan el corazón; ama plena e incondicionalmente, vive cada experiencia al máximo y nunca dejes de aprender.